Tres preguntas

¿Qué son veinte días en comparación con veinte años? Pues básicamente, son magnitudes difícilmente comparables. No hablamos pues del procaz «veinte-veinte«. Tampoco de los dedos de las manos que ya ni contamos desde que la tecnología nos ha vuelto vagos. Hablamos de tomarnos nuestro tiempo; de no tener que justificar nuestros ritmos ante los que van a toda hostia por la carretera.

¿Quién marca el tempo? En los estudios profesionales de grabación se ocupa la claqueta. En los estudios caseros lo marcan las ganas. Esas mismas ganas son las que nos hacen abrir los ojos cada mañana y levantarnos en lugar de darnos la vuelta y seguir durmiendo. El tiempo se dilata y contrae a voluntad de la motivación. El recorrido para llegar a un punto puede ser presto, tranquilo o incluso larguisimo. Siempre han llegado más seguros los que por su camino han ido tarareando alguna cancioncilla o iban dando saltitos a modo de coreografía.

¿Lo regular en el tiempo es repetitivo y feo o resulta estable y agradable? En un mundo en el que nos desbordan miles de mensajes apelando a la regularidad escatológica, lo regular se ha concubinado con lo políticamente correcto generando monstruos asépticos. Ya ni al gotelé se le respeta. Sólo una buena pared regular puede ayudar a justificar un precio inmobiliario indecente. Quizá lo regular apriete y ahogue como ni Dios lo hacía antes.

Mira quién se amontona por aquéí

Lo despacito es suave y lo suave siempre mola tocarlo. Tocarse da gustito y lo agustito que se queda uno en la cama en cuanto decide, según abre el ojo, que se va a dar la vuelta en lugar de levantarse. Porque levantarse es moverse y si hay que entrar en movimiento, mejor que sea en Movimiento Slow. Disfruten del paisaje.

Banda Sonora recomendada:
«Suavecito, suavecito» x La Marabunta – La Marabunta (1993)

20 días sin actualizar Sr.K no es desidia, dejadez o vagancia. Son cambios de ritmos, nomás.

VídeoTrayectos vol. II: Vigo + Bouzas + Castrelos 28.08.08

desayuno – andando – gatos – esculturas – andando – humo – pintadas – losas de servicio* – interior bus urbano – andando museo quiñones de león – parque de castrelos – auditorio de castrelos – corredora

Todos los VídeoTrayectos de golpe en la Categoría VídeoTrayectos.
Lo que prentenden ser los VídeoTrayectos se puede conocer en su primera publicación.
Y de regalo, otra forma de ver Vigo: Monte do Castro en 360ú.

*En lugar de alcantarillas, no casco vello de Vigo, hay losas de granito en el suelo que dan acceso a los servicios de la ciudad. El aro interior de cada argolla que se ve en el vídeo tiene grabado «saneamiento», «electricidad» y «telefonía» respectivamente.

VídeoTrayectos vol. III: Vigo + Samil + Cangas 29.08.08

andando – gente, lluvia y paraguas en vigo – el afilador – guay – ardilla – playa de samil – gaviotas – navegando hacia y desde cangas do morrazo* – galerna en vigo

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Lo que prentenden ser los VídeoTrayectos se puede conocer en su primera publicación.

*Sí, ni se ve Cangas, pero ¿que no mola navegar?. Además, «yo ya fui, yo ya fui y menos mal que no llovía»

Por cierto, estimados visitantes terrestres y extraterrestres: exactamente hoy, 14 de septiembre Sr.K, del lado sano de mi cabeza cumple 2 años. En esta ocasión no hay reflexión profunda ni fastos fastuosos.

Siempre nos quedará la memoria, perdón, el archivo:
Primera entrada de Sr.K
Aviso del primer aniversario de Sr.K.

Gracias a todos, desgracias a los desgraciados y saludos a los que se han quedado por el camino.

No te pega

No te pega fumar. Como que es raro para alguien como tú. Formal, serio y responsable. Y esos tacos que sueltas de vez en cuando hasta me hacen sonrojar sólo por que los dices tú.

¿No has pensado en dejarlo? No sé, como que no te queda bien lo del cigarrazo. Y esos eructos que atruenan. ¿No puedes ser más disimulado? ¿No serás también de esos que mueven las sábanas cuando se tiran un pedo en la cama?… ¿Cómo? Ah, bombear los pedos dices que se llama. No, no lo había oído antes. Joder, no dejas de asombrarme.

Aah. Va a ser eso, sí

En comparación lo de que te guste morderte las uñas de los pies no es tan chocante, la verdad. Parece mentira que con tu barriga seas capaz de hacer semejantes contorsiones. Eres… no sé, chocante.

No, no, no, no. No son prejuicios… áQue no! Es que pareces mejor persona cuando se te conoce menos. Bueno, entiéndeme, tampoco es eso. Eres buena persona de por tí, pero no sé. Que quieres que te diga. Se me hace raro que fumes.

Banda Sonora recomendada:
«Feo, fuerte y formal» x Loquillo y Trogloditas – Feo, fuerte y formal (2001)

En Spotify: Loquillo y Trogoloditas- Feo, fuerte y formal

Dedicado a la señorita Uxi que ni ha sido la primera en decirlo ni será la última ;-P

Autorretretes II

Segunda entrega de un proyecto que roba el nombre de un singular disco con el que no tiene nada que ver. Lo que se ve es lo que hay: más de un año de autorreratos en W.C.’s por diferentes puntos de España y parte del extranjero. Sr.K acoge una selección del autor.

Disfruten y vigilen sus aseos, puede que se encuentren a alguien haciéndose autorretratos

En casa ajena - Lejona, Bilbao Caixaforum - Barcelona Close To Me - Burgos Edificio Promecal - Burgos Chicago Rock - Burgos

Entrega anterior: [Autorretretes I].

Testigo

El abuelo ya tiene que andar con cachava. Cada vez tiene menos dientes. Cada vez se le entiende menos. Cada vez que se le escucha menos. La abuela anda más encorvada y su mirada es más lánguida y reprochadora.

Besos de cara contra cara y labios al aire que pinchan y saben a seco. Besos de piel contra piel suave y flácida aún más secos. Amor no mostrado a sus nietos amados. Recuerdos amargos al chocar con el presente, que siempre les parece peor y encima, distinto. Fuera alegre. Dentro triste. Aguantando sin remedio, a ver quien de los dos se va primero. Frivolidades para enfriar el dolor tan caliente que también acecha a los que se les acercan.

A caballo cabeza abajo

Fotos antiguas, psicofotos de guapo, para la inmortalidad. Hay una barandilla, dónde antes nunca la hubo; en las escaleras que huelen a muerte, igual que la despensa. Ruidos extraños cuando parece no haber nadie. Crucifijo, póster casero de David el Gnomo dibujado por un nieto que fue niño y que ahora mira las flores de plástico, las camas de lana, las revistas de tiempos mejores, una puerta antigua que desde hace años cierra mal, una bailarina kitsch decapitada hecha de conchas que lleva desde siempre encima de la mesilla. Cosas del pasado que existen, pero no viven. Objetos, que poseídos en otro tiempo, son un reclamo del tiempo perdido. Cebos para caer en la decadencia

Muerte, relevo. No hay más testigo que la vida.

Banda Sonora recomendada:
«Chico Listo» x Vacazul – Vienen Tiempos (2004).

Bodysnatchers domésticos

Le pasó el otro día. Lo estaba observando desde la cocina sin querer. Sólo había ido a por un poco de leche al frigorífico para hacerse un descafeinado después de haber fregado la cena. Miró hacia el salón y de repente se preguntó «¿Quién es ése?». No podía dejar de mirarlo. Parecía tan viejo. Bueno, tan viejo no; tan diferente. Intentaba recordar su voz, pero se le hacía extraña. Como si no correspondiese a ese cuerpo que veía entre penumbras desde la cocina. Si justo en ese momento hubiese hablado pidiendo que le acercase una cerveza o unas galletas con su voz, con la voz que realmente debería pertenecer a ese cuerpo, se habría derrumbado en el suelo de la cocina. Le temblaban las piernas. Se dio cuenta de que no podía mover los brazos. Se imaginó desde fuera. La puerta del frigorífico abierta, una mueca extraña en la cara, una mirada congelada en los ojos, un brick de semidesnatada en la derecha y una taza granate con dos ojos y una sonrisa en la zurda. Impertérrita, estática, sin ir ni venir. El motor del refrigerador se acabada de poner en marcha para recuperar la temperatura.

Casi le dolió doblar sus articulaciones, girar el cuello y ayudarse de la mirada para servirse ese poquito de leche. Tuvo que esforzarse en no volver a mirar hacia el salón. El sonido de palabras initeligibles de la televisión, atenuado por las paredes del piso, era un canto de sirena. Era la presencia de ese extraño que acababa de descubrir a pocos metros de ella. Tuvo que volver a mirarlo mientras cerraba la puerta del frigorífico. Ya no sentía pánico. Imaginó que suspiraba, pero no lo hizo. Su cuerpo aún no se había dado cuenta de que el pánico había pasado y ya sólo quedaba vibrante desasosiego.

Otro cigarrillo. Desde el salón llegó el olor del tabaco que se intensificó y volvió más desagradable por la humedad de la cocina recién fregada. Luego volvería a pasar la fregona. Total, sólo había pisado con las zapatillas de felpa. Estaba de espaldas a la puerta de la cocina mientras miraba sin ver como la sonriente taza con ese poquito de leche giraba en el microondas. Su atención estaba a su espalda. Hipersensible a cualquier cambio de temperatura en el ambiente o a cualquier microcorriente de aire. Se sentía tan expuesta como un mafioso sentado de espaldas a la puerta principal de un restaurante. ¿Cuándo oíria a la Tommy? ¿En la primera ráfaga o no oiría nada en absoluto?. Lo que no oía era la campanilla del microondas. La luz seguía encendida y la taza girando y girando como una cosa tonta. Por imitacion incosciente, giró su cuello a izquierda y derecha notando algún ‘clack‘ en las cervicales. Con disimulo, como si de una espía se tratase, oteó de soslayo la puerta de la cocina. Seguía sonando la tele. La tele es el silencio del siglo XX. Una casa tranquila es una casa con la tele encendida. Una casa triste es una casa sin tele. áTING! áDios, qué susto! Se tapó la boca. Creía haber emitido un gritito.

Mujer en proceso de

Según caminaba por el pasillo que comunicaba el salón y la cocina, se confirmaba su primera y desasogante impresión. «¿Será la luz? ¿Quién es él?» Parecía imposible. Según se apoyó en el marco de la puerta del salón se imaginó a sí misma como en una película. Ahí, en medio del contraluz que la oscuridad del salón y la luminosidad de los halógenos del pasillo creaban. En bata, con la cadera ladeada, sólo un pie apoyado y los brazos cruzados mientras sostenía la taza de descafeinado caliente. Una postura condescendiente con él. Pose de mujer fatal del cine negro. Pose, nada más que pose. La ansiedad le iba comiendo por dentro cada vez que pensaba «y ahora ¿qué?». Sentarse a su lado en el sofá. ¿Quién era?. Compartir cama, despertarse, ¿tocarse? ¿por qué? ¿cuánto tiempo llevaba así, sin darse cuenta?

Sintió un escalofrío cuando se sentó a su lado en el sofá y un flasazo de pánico volvió cuando él le dedicó una distraída y afectuosa sonrisa antes de volver a centrar su atención en la tele. No recuerda que ponían, pero recuerda que esa noche fue la de los ojos como platos y el cuerpo entumecido al lado de él. También recuerda haber tenido antojo de vainas durante la cena y que sus acciones desde aquel día se volvieron casi automáticas, robóticas y faltas de voluntad.

Proyección recomendada: The Invasion of the Body Snatchers – 1956

Tarde gris

No debí comer esas patatas con alioli y luego acompañarlas de ese cuarto de torta de jamón con tomate. Quién iba a saber que el bar estaba tan lleno y que me tendría que quedar en la barra con todos los pinchos a la vista. Y que tampoco tenían menú del día, qué carajo. No sé, como que había muy pocos locales hosteleros por esa zona y lo de comer de pinchos, como que me hacía. No me quería arriesgar a quedarme sin saciar el hambre de una dura mañana de trabajo. Que luego había que volver, como desgraciado currela de turno partido que es uno.

No debí salir del bar, pero es que hacía buen día. Sol caliente sin ser abrasador, hierba verde y fresquita en los jardines – de esa que ya predica el fin del verano – y ganas de conocer nuevos mundos hosteleros en esa terra ignota por la que deambulaba. Al final, resultó ser que no es que hubiese pocos bares-restaurantes-mesones-cafeterías, es que estaban muy escondidos.

No debí comerme todas las patatas fritas que acompañaban a los tres filetines. Sí, filetines, cañajos ellos, y tres eran, tres. No debí comerme los tres. El último, hasta me costaba. Quizá fuera por el pan tan rico que me pusieron para empujar las viandas y mojar en el moje.

No debí intentar lavar mi conciencia con una ensalada mixta de primer plato y un kiwi de postre. El problema de tener conciencia es que nunca se calma y siempre toca las narices.

Además, mi problema no es de conciecia, porque soy estúpido. ¿Qué coño hago con una barriga ahíta de sí misma y de nuevo en el trabajo? Tarde gris, amigo, aunque luzca el sol. Y aún diría más; tarde gris porque en la calle calienta el sol y aquí sólo hay aire acondicionado.

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áUn, dos, tres! áUn, dos, tres! Los párpados son enemigos, así que mejor no parpadear. Aunque piquen los ojos. Aunque el cuello se venza. Aunque… mmmh… ¿qué estaba diciendo?… esta tarde gris, o algo… ese sol que calienta… esas gentes paseando… mmmh… qué verdes colinas en las que el pastor me lleva a pasear mientras nos tomamos unas bravas viendo a Matías Prats en la tele…

Banda Sonora recomendada:

  • Me estoy quedando dormido x Hank – «áDios mío, Larry…! ¿Qué demonios es ésto?» (1999).
    http://www.seriezeta.com/k/recursos/musique/hank.dormido.mp3

VídeoTrayectos vol. I: Camiño Vigo 27.08.08

Tras un parón necesario para cuerpo y alma, comenzamos una nueva serie dentro de Sr.K:
VídeoTrayectos
Vídeos de momentos en viajes, excursiones y lugares notables

Son una serie de vídeos realizados en viajes, excursiones y visitas a lugares y sitios notables grabados y montados con un móvil. Sí, han leído bien, montados con un móvil de los que ofrecen por 30ââ??¬ los operadores de telefonía móvil en España. La tecnología es asombrosa y nos tenemos que aprovechar de ella. ¿Qué no?

La idea principal detrás de cada uno de estos VídeoTrayectos no es sólo hacer vídeos de vacaciones o documentales de sitios bonitos a baja calidad – ya que están grabados con un móvil, recuerden – si no ser vídeos que contengan imágenes y sonidos que transmitan momentos de un viaje, trayecto, excursión o visita. La idea de «grabar un recorrido» está tomada de Juan Crego, profesor (creo que aún en activo) de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad del País Vasco, que durante un curso nos inició en esta idea que se puede ver en este enlace.

Los vídeos, aunque cortados y rotulados cuando es necesario, se montan en orden secuencial según se han ido grabando – siempre que sea posible – y siempre con el sonido que recogió la cámara del móvil, aunque el propio aparato permita la inclusión de una banda sonora musical. Este quizá sea el mayor problema que tengan los vídeos de esta serie; su baja calidad de sonido y su volumen a veces imperceptible. Con práctica, se va mejorando, como se podrá apreciar durante la publicación de los VídeoTrayectos, que será en orden cronológico de realización.

A parte del sonido, los principales hándicaps con los que hay que enfrentarse son la capacidad de la tarjeta de memoria del móvil, la inestabilidad de un aparato tan pequeño de toma de vídeo, la rotulación con escasas opciones y el poder utilizar un número limitado de vídeos para configurar un vídeo montado, aunque esto se puede solucionar realizando premontajes, como se verá en alguno de los vídeos que se publicarán.

El montaje de los vídeos se intenta hacer al acabar o durante la unidad de tiempo – día completo, mañana, tarde, trayecto…– que se refleja en el VídeoTrayecto para respetar la idea de secuencialidad y seleccionar mejor los planos a montar al tener los momentos de grabación cercanos en el tiempo. Una vez hecho el montaje y guardado en la tarjeta de memoria nos olvidamos de él para desintoxicarnos de lo que hemos hecho y plantearnos el siguiente desde cero. Lo ideal sería poder subirlo directamente a internet y publicarlo, pero las tarifas de internet de los operadores de telefonía móvil en España son de todo menos baratas para algún pobre currante con ideas raras y un blog.

Aquí presentamos el primer VídeoTrayecto:

trayecto hasta vigo (españa) en tren – paisajes – señora vendiendo en el tren dulces de astorga (españa) – mensajes en el WC – peregrinos del camino de santiago – cosas – la ría de vigo – habitación y vistas – calles de vigo (españa) – telepredicador en TV

Sigan atentos a sus monitores, la frecuencia de actualización de Sr.K se va a acelerar. Pronto, mejoras en la visualización, siguiendo el estilo de brgs.es, ese gran y sencillo videoblog

Disfruten del viaje.

Chirriando, que es gerundio

Todo tiene un sentido y pocas cosas pasan porque sí. Siempre hay algo debajo. Siempre hay algo que chirría. Siempre hay personas y situaciones que chirrían.

Y es que ocurre de repente, hablando con alguien, por ejemplo. La conversación puede ser interesante o banal. Puede que se conozca a la persona desde hace 5 minutos o desde hace 5 lustros. De repente, uno de los dos interlocutores empieza a oirlo: criiik… criiik… En estos casos hay que intentar no alarmarse y hacer como que no se oye nada. Nuestro cerebro de lagarto-cazador-recolector se encarga de mantenernos alerta ante la situación de peligro. Peligro de parecer un loco-a ante el interlocutor que chirría.

La percepción se agudiza en un sueño pseudolisérgico. áCuántos poros! (y qué negros los jodíos)… ¿Tiene un ojo más arriba que otro?… ¿Eso es una cana? Vaya, se le empieza a ver el cartón… Mmmh, vaya morros. Eso de las comisuras parecen granos o algo… ¿y esas orejas?… «Mis manos… son tan grandes… Pueden tocarlo todo… menos a ellas mismas»

Realmente, el chirrido es la manifestación sonora de ese cambio de percepción de la realidad. El interlocutor chirrante, y a veces irritante, se transforma en una holografía para el otro. La persona que chirría desaparece de repente de esencia, que no de forma. Es un cadáver de si mismo que no ha dejado de hablar ni de hacer gestos. Un cántaro hueco que hace vibrar el aire que entra en él. Criiik… criiik…

Chirridos infantiles

Hay estudios presuntamente exaustivos y no concluyentes que casi demuestran que el irritante sonido suele surgir en el sujeto-a al advertir determinados gestos o vivir determinadas situaciones consideradas por los expertos como excesivamente normales. El cerebro reacciona diciendo «áEO! no hay estímulos, ésto me lo sé de memoria ¿me he muerto y no lo sé? Bueno, no creo. Soy el cerebro, me habría dado cuenta«. Entonces, como cuando te metes los dedos en los ojos y ves estrellitas, nuestro blandito amigo de sustancias blancas y grises genera una percepción, que, en este caso, suena a chirrido. Eso sí, no hay que confundirlo con el pitar de oídos típico generado cuando alguien se acuerda de nosotros o de nuestras santas familias.

En base a estos estudios, han surgido terapias para reprimir el chirrido. La más conocida en nuestro país es la repetición hasta la saciedad de los capítulos de los Simpson o las noticias cíclicas como «áNieva!», «áHace Calor!», «áLas Rebajas!» o «áNiña con dos cabezas!» (áGracias, Antena 3!). Este tratamiento acostumbra al cerebro a no esperar más de la realidad que lo que hay. Abotargamiento de mente catódico dijeron en la tele que se llamaba. Por otro lado, también hay corrientes filosóficas que ante la chirriante situación defienden el exterminio total de los dos tercios de la población del primer mundo y cuarto y mitad del segundo y tercero para la solucionar éste y muchísimos más problemas de nuestra decadente sociedad.

Banda Sonora recomendada: