Simplemente: LO ÚNICO QUE QUIERE LA GENTE ES QUE ALGUIEN SE PARE Y LE ESCUCHE.* "¡Jei, haceime caso, payos!" *(demostrado por 1 de cada 10 otorrinolaringólogos)
Cuando una persona empieza a hablar sola, le quedan dos opciones: o dejar de hacerlo definitivamente o continuar hablando para sí misma, a pesar de toda esa gente que señala con el dedo en su dirección y cuchichea. Este último caso es el mágico paso de hablador a lunático. Pero, no nos engañemos, el hablador necesita a un escuchador, al igual que el lunático necesita a la luna para aullar. No hace falta que exista comprensión por parte del escuchador. Con un ligero movimiento de cabeza y conatos de interrupción, que nunca lleguen a romper el flujo de palabras del hablador-lunático es suficiente.
Lo decía Freud y muchas madres y padres lo saben; vivir engañados es vivir felices. ¡Qué tragicómico! Sabemos que nadie va a llegar a comprender como nosotros mismos nuestras ideas pero, nos autoengañamos para seguir teniendo fuerza para difundir nuestra ideaología. Y es que todos somos la persona más interesante del mundo… para nosotros mismos. Es pues el oficio de hablador una manifestación integrista del ego, pero como de pacotilla.
Hablar y dar la chapa es un ejercicio de verborrea, pero el de escuchar es una práctica espiatoria, como el chivo, aunque en realidad sea expiatorio. Un buen hablador cuenta con el pacto tácito del escuchador. Para el resto, Dios inventó los blogs.
Banda Sonora recomendada:
- «Escucha» x Los Deltonos – Bien, mejor (1992).













