Entradas de Diciembre, 2006

24.12.2006

Cuento de Navidad del 0 (cero)

No sabía desde cuando había existido, pero desde siempre se sentía ninguneado. Nunca ocurría algo que le hiciera relevante. Nada se relacionaba con él. Como mucho, se tenía que relacionar con los otros números para darles, paradójicamente, más valor. Los odiaba con toda su alma porque nunca le apreciaban como número entero. Algunos, como el 1, le hacían mobbing todos los días recordándole sin parar que que no valía una mierda. El pobre 0 acabó siendo un número introvertido y resentido.

Pero entonces, llegó Él: blanco y oro, como dice la canción. De madre Virgen y de padre putativo, entre pajas y cuernos nació. Tuvo las visitas oficiales de rigor y comenzó la leyenda: Jesús ese Hombre que vive como Dios… o ¿era al revés? Ese mismo día fue el principio de un cambio que a posteriori iba a hacer del 0 el número angular de la historia.

Siempre dice que no conoció personalmente a Jesús, pero que Le está muy agradecido porque gracias a Él tuvo un lugar en la historia y el tiempo. El año 0 empezó a estar en boca de todos. Los siglos empezaron a medirse según el 0 y los números negativos, que tan mala fama habían tenido hasta entonces, ya tenían función pública y social. Tiempo al tiempo y llegó el termómetro, que fue la manera de medir lo que no existe; el frío. Todos los valores negativos fueron tenidos en cuenta menos el -273, que fue despojado de su nombre cardinal y pasó a denominarse Cero Absoluto en honor al ninguneado 0.

El 0 estaba más chulo que un 8 y más subido que una potencia al infinito cuando el envidioso 1 le dijo que nunca llegaría a ser como los números enteros y reales porque nunca podría servir para denominar una magnitud. Seguiría siendo lo que era, un mero punto sin volumen, ni espacio, ni duración.

Con un cero en la cabeza

Aunque intentó disimular su abatimiento ante el hecho que el cruel 1 le había descubierto, nunca volvió a ser el mismo. Los kilómetros 0 de las capitales o ser el último de la cuenta atrás de los despegues de naves espaciales no sirvieron para animarlo. Pensó en Jesús, Jesusito, como Le llamaba familiarmente, y en cómo gracias a Él se había hecho un hueco en el mundo. Pensó en el mundo, que era esférico, redondo como lo era él. ¿No había engordado últimamente?. Pensó en el tiempo, en las horas, los minutos y segundos. Pensó en la hora 0, tan preciosa, llena de él…

Entonces se dio cuenta de que ya no era sólo un punto. Desde hacía una temporada tenía duración, tenía espacio y tenía volumen en la franja 0 de los husos horarios. Sabía que era una entelequia, pero gracias al convencionalismo el 0 había dejado de ser nada para conventirse en un número más.

Le hizo tanta ilusión sentirse un número de pleno derecho que toda parte negativa que llegó a tener desapreció. Se convirtió en el único número que no tiene equivalente negativo. Acabó siendo principio y empezó a ser final de todo. La gente lo empezó a llamar por su nombre en todos los idiomas.

En conclusión, estas Navidades pensemos en el 0, alfa y omega, principio y final. Pensemos también en Jesusito; Dios y Persona muy importante en la vida del ninguneado 0. Y por supuesto, pensemos en el Solsticio de Invierno, que se lleva celebrando desde tiempos inmemoriales. A partir de ahora vuelve la luz que nos quitó el otoño ¿hay algo más importante que esto?… Bueno, igual sí.

*Dedicado a mis contertulios de sábado. Siempre acabaré teniendo la razón.

Sr.K fecit in Literáti.K · Sin comentarios

20.12.2006

Pájaros en el cabezo

Debajo de la sociedad de hormigón existe una ciudad de pájaros. Sí, y hay todo tipo de ellos.

Van y vienen. A veces, abunda más un tipo y, en otras temporadas, de otro. Son todo un mundo en sí mismos. Unos andan, otros saltan y otros corren (como si fuesen Pedro Picapiedra). Y hablando de patas y ánades, creo que todos nos hemos encontrado alguna vez con una paloma con muñones en lugar de patas, que pese a su minusvalía, es tan agresiva como sus compañeras. Las palomas son luchadoras natas. Demostrado: no hay Dios que las mate.

Lo jodido es que los pájaros siempre dan cierto reparo. Son una extraña mutación de dinosaurio con plumas que no da signos claros de saber lo que quiere. No son como un gato, un perro o una novia. Bueno, una novia tampoco sabe lo que quiere, ni aunque vaya de blanco. Pero ese es otro tema.

Pajaricos de mal agüerico

Cantan y esas cosas, no siempre de una forma agradable, pero su mirada es desconcertante. No es tan sincera como la de un gato o un perro o tan vacía como la de una vaca. Y ni hablemos del tipo de mirada de la novia al decir “tú sabrás…” Nunca podremos descubrir cual es su verdadera intención en la tierra…
Hichtcock lo sabía; no te puedes fiar de los pájaros y de las rubias menos. Como dice el refrán: cría cuervos y tendrás muchos.

Por cierto, ¿qué rancio abolengo ha de tener un pájaro para que se le llame ave o que afrenta ha de cometer un ave para ser considerada un vulgar pájaro?¿alguien sabe cómo quitar las manchas de caca de paloma?

Sr.K fecit in Cotidiáni.K · 1 Comentario

13.12.2006

Autorretretes IV

Y van cuatro entregas. Como el cuatro es múltiplo de dos, en el capítulo de hoy:

Autorretretes de imagen multiplicada

En A Coruña. Seguramente en un estupendo bar para comer y/o beber. En San Sebastián-Donosti. Uno de los miles de milares de bares de la capital. En BCN. El CosmoCaixa y su water que no era muy científico

En el Gran Bilbao, en casa del Sr. Bothman En Burgos. Bar Carmen 13 En L'Hospi con los más Hospitalarios del lugar

Entregas anteriores: [Autorretretes I] - [Autorretretes II] - [Autorretretes III] - [Todos]

Seguiremos retratando…

Sr.K fecit in Autorretretes · Sin comentarios

07.12.2006

Sensación

Busca esa sensación. La de verte un domingo, preferiblemente en invierno, a las cuatro de la tarde andando por las calles anchas y céntricas de una ciudad. Estás y quizá otra persona más en la lejanía o en alguna calle paralela. En los diez minutos que llevas andando a pie, sólo has visto un par de coches. A lo sumo, algún autobús urbano sin pasajeros.

Hay silencio.

Silencio de ciudad, silencio de rumor lejano.

Oyes perfectamente los sonidos que provoca tu marcha. Paso a paso. Clap, clap.

Sensaciones urbanas muy humanas

Ahora, busca el momento. Es ese breve periodo de tiempo en el que percibes sólo espacio. Es el instante que sobrecoge, porque tienes la sensación de que no hay nadie detrás de los muros y ventanas de los edificios que te rodean. Los coches aparcados podrían llevar allí desde hace mucho tiempo. La acera podría llevar años sin ser limpiada, pero ha llovido y la lluvia invernal la ha lavado y ha limpado los coches. Les ha quitado el tiempo de encima.

Sabes que durante ese lapso de tiempo no vas tener ninguna referencia a la existencia de más humanos que el sonido de tus propios pasos. No se oyen ni pájaros. Los edificios, los coches, los árboles, la acera ahora son huellas. Son lo que queda del arquitecto, del ingeniero, del jardinero, del albañil y también de los que alguna vez llenaron la calle con su olor, sus sonidos o sus voces.

Siente, en definitiva, el aturdimiento de ser durante un instante la única persona viva en el mundo. Siéntete protagonista de una película apocalíptica de los 70. Contempla el hermoso cadáver, recién aseado por la lluvia, de una civilización que vivió y que se extinguió sin darse cuenta de que había desaparecido. Sin darse cuenta de que había existido alguna vez.

Elvis lo decía, James Dean lo corroboraba y muchos cantantes lo cantaban: muere joven, deja un bonito cadáver.

Sr.K fecit in Cotidiáni.K · 4 Comentarios