Su verdadero nombre era Horace Ridler y, aunque se hacía llamar The great Omi, todo el mundo le conocia por el hombre cebra.
Fue uno de los freaks más famosos de su época. Entendiendo como freak a los fenómenos humanos de las ferias y circos de principios del siglo XX. Normalmente este tipo de fenómenos consistían en gente con malformaciones y discapacitados en general, aunque también había algunos cuya única “habilidad” era tener todo el cuerpo tatuado.

Nació en 1892, recibió una buena educación y llevó una vida burguesa gracias a que su padre era un fámoso hombre de negocios y terrateniente en el Londres de esa época.
Cuando muere su padre recibe una pequeña herencia que dilapida en negocios arriesgados hasta que en 1914 estalla la primera guerra mundial y se enrola en el ejército británico participando en campañas por Flandes y Francia. Después de licenciarse con el grado de mayor intenta sin éxito ganarse la vida con una granja de pollos y finalmente se une a un circo gracias a su gran habilidad como jinete.
Tras darse cuenta de que había muchos acróbatas a caballo acude en 1922 a un tatuador chino que le hace unos tatuajes de mala calidad con los que se gana la vida durante un tiempo. Finalmente, en 1927, acude a George Burchett y tras firmar una autorización por escrito, se decide a dar un giro radical para convertirse en el número uno de aquellos tiempos.
Eliminó totalmente su cabello y vello facial, se hizo unos grandes agujeros en los lóbulos de las orejas, limó sus dientes en punta, se perforó la nariz para introducirse dos colmillos e hizo tatuarse todo el cuerpo con franjas negras de 3,5cm de ancho.

En 1934 termina totalmente la “metamorfosis” e inicia grandes giras por ámerica y europa llenando los teatros hasta la bandera. Cuando estalla la segunda guerra mundial intenta volver a enrolarse en el ejercito pero no es admitido debido a que ya no era un jovenzuelo, sin embargo, participa entreteniendo a las tropas en el frente exhibiendo en espectáculos para los soldados.

Antes de morir en 1969 dijo: “Bajo todo esto que veis, yo soy solo un hombre como todos los demás”
Nunca me ha gustado quedarme de voyeur cuando “pasa algo” en la calle y está todo el mundo “a ver que pasa”. Normalmente sigo andando sin mirar para no almacenar ninguna imagen desagradable en mi indeleble ROM cerebral.
Hace un tiempo (no recuerdo cuanto) mi cerebro almacenó sin quererlo las imágenes del individuo que empujó a otro a las vías del metro de Barcelona. Hoy los medios de comunicación han tenido la gentileza de grabar en mi mente la muerte de Carlos Javier P. en el metro de Madrid.
No hacía falta que me enseñasen las imágenes. Con la descripción de los hechos me bastaba…
El sueño de muchos de nosotros es poder aprender relativamente rápido y, a poder ser, divirtiéndonos como cachorros (*).
Con este sketch de muchachada nui podemos aprender los fundamentos básicos del jpg pasándolo guay.
(*) Tirando de las rimas de Mucho Muchacho.
Uno de los lugares del mundo que me gustaría visitar alguna vez es Nueva Zelanda. Siempre me han interesado los maories, sobre todo por la haka, la tradición de tatuaje que siempre han tenido y la sonoridad de su idioma.
Resulta que hay una colina en dicho pais que tiene el record Guinness como el topónimo más largo del mundo. Ahi va: Taumatawhakatangihangakoauauotamateaturipukakapikimaungahoronukupokaiwhenuakitanatahu.

Según la wikipedia su traducción literal sería “La cumbre de la colina, donde Tamatea, el hombre con las rodillas grandes, conocido como “el devorador de tierra”, bajó, subió y engulló las montañas, mientras le tocaba la flauta a su amada”

Para inaugurar oficialmente el blog os hablaré un poco sobre mi génesis como jugón y pseudogeek. Corría el año del señor 1990 cuando entró en mi vida el Commodore Amiga 500

Por aquella época yo tenía 13 años. Había jugado en algunas ocasiones con el Spectrum de algún amigo y con el PC 8086, tenían monitores de fósforo verde, monocromo o de cuatro colores en el mejor de los casos. ¡Entré en el mundillo por la puerta grande!
Había otro modelo que competía con el Amiga, el ATARI ST pero en el caso del Amiga los folletos hablaban de miles de colores diferentes y no mentian. Era el pack completo que incluia el teclado-cpu, monitor commodore, ratón de 2 botones y un bonito joystick. Posteriormente llegó a nuestras manos una ampliación de memoria de 512 kb.
Aun recuerdo con cariño mis juegos preferidos y a un par de ellos aun sigo jugando con asiduidad. Jugué mi primera partida al Norte & Sur y ya no pude parar hasta el día de hoy.

Aun mantengo mi vicio con el F-16 Combat Pilot, Wings, Defender of the Crown gracias a emuladores como el WinUAE
Las roms no son dificiles de conseguir via emule, pero en su época no era tan fácil conseguir juegos. Formamos un trio mortal de intercambio que generó varios cajones enteros de disquetes copias de seguridad.
También tengo que contar que el ordenador en cuestión no era mio (era de mi hermano) pero casi seguró que pasé más horas que él disfrutando de los juegos y aprendiendo los conceptos básicos de la informática a nivel de usuario.