::: Relato: la hortelana con tacones

En un momento se vio cogiendo tomates de estas y de aquellas matas. Algunas estaban caídas por el peso de sus frutos. Estos tomates que ahora eran verdes y que de aquí en una semana estarían rojos y maduros listos para ensalada.
Los tacones no molestaban al andar por esos surcos,  pero si provocaron risa durante unos segundos.  Vestida para una oficina y no para una huerta buscaba manchas rojas en matojos verdes y cuando lo encontraba, antes de arrancarlos se aseguraba de no tocar ni  un bicho que caminase  en la mata. Ni hormigas, ni escarabajos ni nada de nada, porque tenia pavor y animadversión a estas criaturas tan pequeñas pero tan repulsivas para la hortelana.
Pensó aquel día en seguir con la costumbre familiar, mantener un pequeño huerto año tras año para dedicarle tiempo libre. Lo poco que tenía. Y es que era un honor recoger frutos que no eran de su gusto, no los comía, sin embargo apreciar el tamaño, el color y el olor era una sensación única, y que pocas veces se repetía.
Por eso no le importaba que la pidieran este favor. Ocúpate de mi huerta, no dejes que se me pierda. Recoge los tomates, riega las cebollas y limpia las hierbas.
Encantada de la vida, pensaba en tener el mayor tiempo posible para esta pequeña explotación, hasta que llegó el día. El tiempo pasó muy deprisa y no quería entregar las llaves a su dueño. Temía que no hubiera próxima vez.
Sin embargo no fue así.
(…)

No hay comentarios. Puedes ser el primero en comentar.

Deja tu comentario