::: Un día en la Expo. Capítulo 03.

Sigo esperando para entrar en el Pabellón de España, pero desde mi casa. Al final hay que sacrificar cosas para poder ver otras. Todavía hoy, después de varios días de mi estancia allí, no he oído a nadie con una buena critica o por lo menos una ‘no mala’ critica sobre la Expo.
Señores y señoras, niños y niñas si quieren visitar la Expo escojan tres días de su calendario porque uno, no da para nada. Imagino que con más tiempo el resultado será diferente porque de no ser así los organizadores tendrá que admitir que la organización, valga la redundancia, ha sido un fracaso.

Una de las cosas que le dan un punto positivo a Fluvi y compañía es la seguridad que controla la entrada de gente y lo que lleva esta gente.
Mientras esperaba para poder pasar ese rodillo, el rodillo que separa a los de dentro de los de fuera, me metí en una conversación ajena. Ya, ya lo sé. Esto no se debe hacer, pero es que… tenía que esperar mucho y no sabia que hacer. Bueno, a lo que voy que me pierdo. Mientras esperaba vi como los de seguridad le comentaban a un buen señor que no podía entrar con un navajilla, de estas que te ayudan a comer mejor el chorizo en el almuerzo.

Puede usted dejarla aquí abonando cinco euros. Pero, ¿luego me la devolvéis?, dijo el señor; si, si, no se preocupe que luego la podrá recuperar pero el dinero se queda aquí. ¿Como? ¿Que no me devolvéis el dinero? No, no,…solo la navaja. Y la cola se puso en marcha y me quedé sin final.
Debería haberlo pensado antes, pensé yo, aunque sepa usted señor que no es el único, ni el último que pierde su recuerdo de Taramundi en el aeropuerto de Barajas. Con lo que me costó esa navaja y lo bonita que era.
Mi primera Expo ha sido un fracaso. No he estado a gusto, así que no sé si volveré a ver otra. Lo dejo en el aire.

No hay comentarios. Puedes ser el primero en comentar.

Deja tu comentario