::: La chaqueta, por si refresca…

El día comienza con una conversación de Laetitias.
<< Buenos días le atiende Laetitia Nanana ¿en que puedo ayudarle?
>> Hola, buenos días, soy Laetitia Nenene, ¿tenéis listo ya (…)?
<< Que gracia, te llamas igual que yo…
>> No, no, no,… tú te llamas igual que yo. (…)
El sol que asoma por la ventana revela una buena temperatura al otro lado del cristal,  e invita a dejar el coche en el garaje y a compartir  la temporada de las pelusas, los olores y las sensaciones de las calles con el resto de los seres humanos.
La gente, va y viene a pesar de lo temprano que es. Esperan en las paradas a estos autobuses que nunca llevan bien su horario.  Esperan también, en los portales, en las esquinas, en los bares,… y sólo unos pocos, andamos con un destino fijo, observando y analizando todo lo que nos rodea. Se nos nota, porque nos metemos en conversaciones ajenas (…) ya sabes, cuando vengas a Burgos ahí tienes mi casa, (…) este hoy no viene,  está con gripe, (…) cómpralo tu mañana, que a mi no me da tiempo, es que (…)  y llego a la conclusión de que sin querer o queriendo a veces atendemos a lo que no nos importa. Sin embargo, lo que a diario tenemos en frente de nuestras narices, no lo prestamos la atención que en ocasiones se merece, una pena que seamos tan despistados.
Sigo mi camino, y tropiezo con dos personas que me dan una charlita sobre “el futuro del mundo”: ¿tienes un momento? Me dice. En realidad no tengo mucho tiempo pero, hoy estoy receptiva,  a ver que me cuentas. Un folleto de papel fino, que tiene el mismo tacto que los calendarios que cuelgan las abuelas en las cocinas de los pueblos, los mismos que muestran todos los santos, más antiguos que el hilo negro, y que en su portada está el mensaje: “¿podrá sobrevivir este mundo?”, es lo que me dejan como recuerdo y la conclusión a la llego yo,  es que he perdido 10 minutos, lo que supone que de aquí en adelante, tendré que andar más deprisa para llegar a tiempo. Ya no estoy tan receptiva.
Cuando me queda poco para llegar, regreso mentalmente al pasado, hace unos años en los que las mañanas de mis días estaban vacías de ocupación y podía dedicarlas al paseo, una de las cosas que más me relaja. (Falta me hace). Pediré un día de asuntos propios para quitarme la morriña de pasear con el sol mañanero. Este sol que sigue ahí colgado y que cada minuto que pasa tiene más fuerza. Menos mal, porque no he traído chaqueta… por si refresca, como dice el dicho.

1 comentario

  1. Caelio 16 Mayo, 2007 1:20 pm

    Realmente no somos conscientes del valor del tiempo de las personas. Muchas veces no nos damos cuenta que estamos robando tiempo a otros y nos fastidia cuando nos roban nuestro tiempo.

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