::: Cursillos de Serenidad
La vida puede cambiar en 0,2; Esta, no es una frase más de tantas y tantas que se oyen y se dicen al cabo del día. Es una frase tan cierta que a veces no somos conscientes de ello y en la mayoría de los casos no nos planteamos que puede pasar si hago esto o lo otro.
Lo fácil es pensar: ‘Las cosas pasan y ya está’. Pero… ¿quien es capaz de mantener la cabeza en su sitio cuando ocurre algo inesperado?
¿Esto se aprende con el tiempo y la experiencia o dan algún cursillo de serenidad en momentos difíciles?
Creo que voy a promover estos cursos y para arrancar esta idea he creado los primeros puntos de lo que será un cursillo intensivo:
El primer punto: la vida sigue a pesar de todo. Cualquiera que sea lo que te ha pasado (salvo que estés muerto) pasará y pasará y llegará un momento en el que ni lo recordarás (aunque sea a los 100 años).
El segundo punto: Todo tiene solución (salvo la muerte). Todo se soluciona bien o mal, pero se soluciona. Y para agilizar la solución hay que tener en cuenta la frase: Si no eres parte de la solución lo eres del problema’. Cada uno que se coloque donde quiera.
El tercer y último punto: Abrir la mente a todas las posibilidades. Este punto además de intenso y mentalmente agotador por el esfuerzo que supone, incluirá también una almohada de regalo para pensar a fondo en esas posibilidades.
Cuando tenga un ratito desarrollaré más puntos. Se admiten sugerencias.

3 comentarios
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estoy totalmente de acuerdo con lo que dices, la vida sigue su curso, con buenas o malas soluciones, y con no encerrarnos en nosotros sino escuchar nuevas opciones. Aunque suene raro: “Carpe diem” (aunque solo sea a ratitos)y podremos conseguir algún momentillo de serenidad
Hola. Me parece que las fotos que acompañas al comentario son de lo más expresivo. Nos indican que callemos y cre que en muchas ocasiones no es malo estar callado. Es señal de respeto. Un saludo. Manzacosas
Discrepo sobre el segundo punto. Nos hemos acostumbrado demasiado a no solucionar los problemas de verdad. Ahora se estila lo de dejarlos languidecer hasta que esas molestias que nos crean nos molestan menos.
Es como si en lugar quitarnos los palillos de debajo de las uñas aprendemos a hacer nuestro día a día con ellos y nos preocupamos de solucionar los problemas que nos produce el llevarlos, en lugar de quitárnoslos. Compramos guantes especiales que los disimulan, les ponemos refuerzos de goma en la punta para que si se mueven no nos hagan mucho daño o incluso los pintamos con los colores de moda para que no llamen tanto la atención.
En el fondo, esta actitud se debe al primer punto, con el que coincido al 100%. Como sabemos que el malestar que nos produce acabará remitiendo con el tiempo, dejamos los problemas en pendientes, para solucionarlos cuando nos duelan menos, pero caemos en la pereza. Somos demasiado humanos.