::: Con un hola basta

No puedo con la sensación que se te queda, cuando ves a alguien, al que hacia tiempo que no veías y te gira la cara, como si no te conociera.
No ha ocurrido nada. Sólo ha pasado el tiempo. Sin embargo el/ella no me ha saludado, es más, me “ha girado la cara”, sin razón aparente.
Se crea una situación en ese momento en el que las dos miradas, la tuya y la suya, se cruzan y hace que dejes de escuchar a la persona que te acompaña, para pensar inmediatamente ¿Por qué?
Bueno. Si la persona no es lo suficientemente importante… me da igual.
Lo que me importa… es… el “por qué”. Después de un análisis no muy profundo he llegado a la conclusión de que existen diferentes comportamientos…

Está la persona con la que una vez tuviste una relación estupenda. A día de hoy no hay nada de que hablar porque el tiempo ha borrado el camino que nos unía. Al cruzarse por la calle, con un hola basta, porque lo contrario daría una situación incomoda para ambos.
Están  los antiguos conocidos/as de la infancia, del colegio… etc. Te paras a hablar la primera vez para hacer un resumen de ambas vidas. Es suficiente. El resto seria absurdo.
Mis preferidos. Sólo saludan cuando la situación es especial (conciertos, bares…) y si están en compañía. En este caso, si el tiempo lo permite fluye la conversación. Una conversación superficial, pero conversación, aunque detrás de la puerta que lleva a la calle volvamos a ser desconocidos mañana por la mañana.
Sin duda lo que más me cabrea, es que su comportamiento hace que yo sea igual. Si tú no saludas yo tampoco. Si me saludas y me cuentas como te va, yo no voy a ser menos. Detrás de la puerta todo será igual que antes y estas situaciones se volverán a repetir un día y otro, y otro y otro y siempre me preguntaré  por que. Cosas que pasan.

1 comentario

  1. Sr.K 02 Abril, 2007 10:57 am

    Muchas veces también entra en juego la timidez para los saludos no dados. El qué dirán o el miedo al rechazo siempre nos hace dejar de hacer lo que deseamos.

    Siempre hay lugares y situaciones en las que un no-saludo duele más. También, hay momentos en los que prefieres que no te saluden y otros en los que agradeces un leve movimiento de cabeza de acera a cera.

    Creo que el saludo sólo es importante cuando ambos participantes en él utilizan el mismo código. No hay malos saludos, sino malentendidos. Pero, hay personas que se toman las cosas banales a la tremenda (que no es tu caso) y un saludo (o su ausencia) puede ser el vértice sobre el que reposa la relación “profunda” con las otras personas. El absurdo nos rodea y a veces nos atrapa.

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