::: Una fanta
(…) Como iba diciendo, lo que me queda claro después de tanto tiempo de aquí para allá, es que en Barcelona es imposible pedir un calimotxo y tenerlo en el momento.
Una respuesta corta como puede ser un ‘ajá’ seguido del calimocho sobre la barra o sobre la mesa no ha llegado a producirse hasta ahora. En su lugar me han dicho de todo y me han puesto de todo también. Una sangría, un tinto de verano, una coca cola y hasta una fanta naranja por desesperación mía: Anda, ponme una FANTA!.
La próxima vez fingiré trabajar para guía michelín a ver si me atienden mejor, aunque en algunos antros donde se niegan a servirme un calimocho, si Michelín les quitará dos estrellas seguro se quedarían en menos dos estrellas rojas. Menos dos.
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