::: Métodos de enseñanza.

Yo no soy profesora. Hace unos años tuve la ocasión de enseñar ‘laboratorio de fotografía’ y ensayé muy bien la forma de hacerlo para que mis alumnos, unos niños de 12 años,  estuvieran a gusto durante 2 horas a la semana. Creo que lo conseguí.
Estuvieron contentos todo el curso y aprender,… aprendiendo lo poco que dio tiempo,… pero aprendieron.
Intentado evitar que cuando estos niños crezcan tengan un recuerdo como el que tengo yo, me esforcé mucho durante 1 año, preparando las ‘clases’ en casa, en el poco tiempo libre que tenía.
Comencé mi enseñanza en una escuela de barrio de las de hace 20 años,  donde todos los cursos estaban en la misma sala, la única sala separados únicamente por mesas que formaban diferentes letras,  un ‘c’, una ‘o’, dependiendo del número de chicos/as que hubiera en cada curso.
En esta escuela la profesora Lucía aplicaba los métodos de enseñanza más arcaicos y antediluvianos de la época. Fría, distante, seria, con una voz grave que daba miedo  y un anillo enorme en la mano que usaba como amenaza,  estuve hasta 5º curso, soportando sus ‘formas’, que han marcado mi vida.
Y es que cuando ella te decía que algo no estaba bien, te mandaba a la mesa a corregirlo sin decirte lo que tenías que corregir. Así,… podías estar días y días con la misma lección, sin saber muy bien, porque nadie te lo había explicado, lo que tenias que cambiar, modificar, arreglar o suprimir. Yo esperaba, y esperaba, y modificaba lo que creía que estaba mal a mi juicio, un juicio de una niña de 10 años (como mucho) que no entendía que quería decir la única profesora con anillo grande amenazante y con la boca cerrada sin explicar nada.
Para compensar la existencia de esta profesora y sus formas, ella misma decidía que cada viernes después  de rezar el rosario, nos llevaba de excursión al campo, a Fuente Blancas, donde cada niño dejaba escapar sus rabietas cuando ella no estaba mirando.
Somos pocos los que nos acordamos del ‘gran anillo’ pero muchos los que intentamos evitar estas ‘enseñanzas’. Que los alumnos no se sientan mal por no saber lo que quiere su tutor, de eso se trata.

Moraleja: Si no te explicas, no esperes conseguir lo que quieres. Los adivinos no existen.

1 comentario

  1. nonsense 25 Septiembre, 2007 5:01 pm

    “…y un anillo único, para controlarlos a todos”

    Yo estudié en un colegio que se llamaba “Genaralísimo Franco”: si el nombre ya acojona, imagínate estar dentro…. y, si, había más de un “anillo”.

    Pero a mi, una educación “dura”, lo que ha hecho es hacerme más fuerte. Quizás demasiado.

    Hay juncos que se doblan al viento…

    …y hay ramas que esperan a que las sueltes para atizarte en todos los morros… ¡y bien duro!

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