::: Convirtamos el orgullo en dinero…

Pues sí, después de tanto pensar he llegado a esta conclusión. La gente deja de hablarse por lo que aparentemente parecen pequeñeces, al menos para la persona que lo ve desde fuera. La cosa va a más cuando pasa el tiempo y ni dios dice nada,…ni dios. En este caso el refrán ojos que no ven, hostia que te pegas (bromas a parte) describe una situación perfecta, porque evitar los enfrentamientos de dos seres con mucho orgullo es a veces un tarea difícil y con duras decisiones por delante.

Orgullo por aquí, orgullo por allá. Por todos los lados y a ver quien lleva la razón. A ver quien da el primer paso. Y los días pasan y la tragedia puede ser peor. Mucho peor. Será cuestión de exagerar para que entre el miedo y el arrepentimiento en el cuerpo produciéndose así una variante de lo que se espera.

Que malo es el orgullo. Que no deja pensar con lucidez. Que no deja ver más allá de la nariz. Que recrea un sin vivir cuando la cosa se pone tensa. Que hace difícil una historia con un final abierto, y un final en una historia difícil.
“Tampoco fue para tanto”. La frase del millón acompañada de una mirada que quiere dejar pasar el tiempo aunque este le haga daño, por dentro y por fuera.
Sin final y sin orgullo la cosa acabaría antes, pero no se puede asegurar como.

2 comentarios

  1. manzacosas 07 Junio, 2008 6:44 pm

    Sí. Tienes razón. El orgullo, soberbia, vanidad, como lo queramos llamar, a veces nos ciega. No es fácil sobreponerse a un ataque de orgullo. Se tarda tiempo en caer en la cuenta del error. Un saludo

  2. La Chunga 08 Junio, 2008 4:09 pm

    Lo malo es que cuando uno se acaba dando cuenta del “error” es demasiado tarde, y eso en el caso de que se de cuenta.
    Por cierto, ¿dónde está ese reloj? me encanta la fotografía. ^_^

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