::: Perdidos en el olvido

Caminaba entre el bullicio sin buscar nada en concreto, del brazo de mi madre, (como van cogidas las abuelas que pasean), entre puesto y puesto, sorteando los bolsos de alguna tienda que andan colgados de lo mas alto del tenderete, destacaba un espacio lo más parecido a una cacharrería donde no había dos cacharros iguales.
Sin intención ninguna de comprar nada, me paro. Bueno nos paramos a observar en plan ojeador, el terreno que ha ocupado este individuo con mil artilugios.
Lo primero que pasa por mi cabeza es ‘que paciencia la de este señor, que recorre todo los puntos de su casa para limpiar lo que no le vale, lo trae aquí y supongo que se lo vuelve a llevar porque… en fin’.
¿Venderá toda la morralla que tiene en el suelo?
Objetos como: enchufes del año mil, de los de pera, planchas antiguas, que como reliquia, pues bueno no está mal. Puntales pequeños, que aún no sé que validez pueden tener. Gnomos de plástico, de los que regalaban antaño cuando comprabas algunas chucherías. Libros que también regalan con ciertas revistas. Lecheras, de las que dejaba el lechero en la puerta antiguamente, y muchos más que ahora no me vienen a  la cabeza pero que sorprenden en cuanto los ves.
En mi opinión más que un puesto para vender, parece un museo de objetos perdidos. Perdidos en el olvido.
  Y ahí, entre cortinas, zapatos, camisas y tangas, sobrevive sentado en una caja azul que luego  usará para guardar libros, de lectura, aprendizaje y hasta autoayuda, como  ‘la cuestión gay’.

1 comentario

  1. kaina 03 Abril, 2008 2:08 am

    pongan planchas con informacion pos locos

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