::: Paisaje desconocido
Son muchos los días de mi infancia pasados alrededor de este recuerdo caído.
Somos muchos los que recordamos esas estampas infantiles entorno a este ser.
Ha sido refugio, escondite, lugar de reuniones y un árbol en la mitad del camino. Ha sido durante al menos 50 años, una referencia para todos los peregrinos que ‘cogían’ el camino de la izquierda en dirección a Burgos.
Después de tanto tiempo todos estos recuerdos solo tiene valor para quieres los mantienen en la memoria. Sólo aquellos que en algún momento subimos a sus ramas, que cogieron forma con el paso del tiempo, sentimos nostalgia, tristeza al verlo caer empujado por una máquina.
– Molesta (Dice el operario encargado de derribarlo).
Mientras, los vecinos observamos la escena atónitos ante una excusa tan absurda como poderosa.
Poderosa, porque a pesar de ser varios los que estábamos allí, creo que ninguno pensamos en ningún momento en colocarnos entre la máquina y ‘el árbol’.
Este árbol, testigo de muchas caídas con sus correspondientes fracturas en brazos y piernas, hoy no le importa lo suficiente a nadie para que lo mantengan con vida.
Abatida me siento mientras escribo estas palabras. Impotente porque ante esta situación no sé, no he sabio nunca que hacer, salvo dejar que todo transcurra como parece que tiene que ser.
Ha sufrido en sus ramas las llamas de pequeños vándalos jugando con la paja del trigal cercano. Ha sufrido hasta la caída de un rayo sobre sus tronco en todo el tiempo que él y yo nos conocemos. Ha sufrido tanto y también nos ha aportado tantos momentos de risas, llantos y sustos que para mi, sigue estando en el camino. Sigue siendo ‘el árbol del camino viejo’.
1 comentario
Deja tu comentario





Pues la verdad que es una pena que tengan que tirar un árbol, sobre todo teniendo la oportunidad de haberlo trasplantado a otro sitio.
Un saludo