Entradas de Agosto, 2008

::: Un día en la Expo. Capítulo 03.

Sigo esperando para entrar en el Pabellón de España, pero desde mi casa. Al final hay que sacrificar cosas para poder ver otras. Todavía hoy, después de varios días de mi estancia allí, no he oído a nadie con una buena critica o por lo menos una ‘no mala’ critica sobre la Expo.
Señores y señoras, niños y niñas si quieren visitar la Expo escojan tres días de su calendario porque uno, no da para nada. Imagino que con más tiempo el resultado será diferente porque de no ser así los organizadores tendrá que admitir que la organización, valga la redundancia, ha sido un fracaso.

Una de las cosas que le dan un punto positivo a Fluvi y compañía es la seguridad que controla la entrada de gente y lo que lleva esta gente.
Mientras esperaba para poder pasar ese rodillo, el rodillo que separa a los de dentro de los de fuera, me metí en una conversación ajena. Ya, ya lo sé. Esto no se debe hacer, pero es que… tenía que esperar mucho y no sabia que hacer. Bueno, a lo que voy que me pierdo. Mientras esperaba vi como los de seguridad le comentaban a un buen señor que no podía entrar con un navajilla, de estas que te ayudan a comer mejor el chorizo en el almuerzo.

Puede usted dejarla aquí abonando cinco euros. Pero, ¿luego me la devolvéis?, dijo el señor; si, si, no se preocupe que luego la podrá recuperar pero el dinero se queda aquí. ¿Como? ¿Que no me devolvéis el dinero? No, no,…solo la navaja. Y la cola se puso en marcha y me quedé sin final.
Debería haberlo pensado antes, pensé yo, aunque sepa usted señor que no es el único, ni el último que pierde su recuerdo de Taramundi en el aeropuerto de Barajas. Con lo que me costó esa navaja y lo bonita que era.
Mi primera Expo ha sido un fracaso. No he estado a gusto, así que no sé si volveré a ver otra. Lo dejo en el aire.

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::: Un día en la Expo. Capítulo 02.

Y hablando de calor seco….Esos humidificadores puestos a una altura en la que sólo Pau Gasol notaría el efecto húmedo en el caso hipotético de que visitara la Expo. ¿Pero… por qué tan altos? El chorrillo de agua no llega ni a los hombros de la gente que pasa por debajo. Eso si, decorar, decoran. Parecen un bonito tres en raya si los llegas a mirar durante más de cinco minutos con la vista nublada.

Y hablando de nublar. Para que el sol no te deje gilipollas hay que refrescarse de vez en cuando con una cañita fresquita. Bien, otra pelea. Una cañita fresquita en un vaso azul de camping con la cara de Fluvi a lo relieve, todo por el módico precio de dos euros caña más un euro de vaso. ¿Un euro por un vaso de camping que no usaré nunca? ¿Y si no quiero el vaso? Es que no hay alternativa, dice la chiquita y continúa con un: Si lo desea, usted lo puede devolver y le abonamos un euro. Ah, claro. Que buena idea. Tendré que hacer colas para devolver un vaso de camping y así conseguir mi apreciado euro. Si lo haré. Saldré de la cola del ‘fast past’ arriesgándome a quedar en un ultimo puesto otra vez para recoger mi euro.

Y hablando de colas. Este sistema por el cual la gente se irrita, se cansa, habla más de la cuenta y observa cosas que en otras ocasiones pasarían desapercibidas pero que sirve para ordenar, o llevar un orden mejor dicho y poder así acceder (no siempre)al sitio que tu quieres. Bien, como las colas son tan largas, tan largas que en ocasiones dan la vuelta y siguen a lo espiral a un edifico, hay gente, voluntarios con su micro y altavoz que indican amablemente pero gritando un poco: Si quieren visitar El Pabellón España la cola está en este punto.
Una vez dentro de la cola puedes leer estupendos carteles que te indican el tiempo que vas a tener que esperar a partir del punto en el que te encuentras: Si está en este punto quedan al menos treinta minutos de espera.
Espera que te espera….

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::: Un día en la Expo. Capítulo 01.

Si hubiera escrito este post con el cabreo que tuve ese sábado de colas, calor y gente a cascoporro llamado día en la Expo, el resultado podría haber sido peor, por eso he dejado refrescando mi mente, para poder ser objetiva… y quitar la venda de la ceguera, la del cabreo, la que emborrona los pequeños detalles.
La Expo por aquí, la Expo por allá, bla,bla, bla, bla bla. Bien, yo estuve un día entero, desde su apertura hasta el cierre a las tres de la mañana y la verdad la puntación que le pone una servidora es de aprobado por los pelos.

Muchos pabellones,… a menos ciento veinte pabellones, llenos ¿de que? De plasmas!, si señores de plasmas de todas las pulgadas posibles, 19, 20, 29, 42, 60 y subiendo. Proyecciones, y más proyecciones. De aquí y de allá pero proyecciones.
A mi parecer, con el dinero que se ha invertido en este evento podían haber puesto algo más que plasmas. Se salva el pabellón de Mónaco que tiene una piscina no piscina muy divertida pero de la que únicamente puedes disfrutar unos minutos, por eso de que hay colas y demás.

Y hablando de colas. Colas largas, más largas que un día sin pan, con lo panera que soy yo. Colas en todos los pabellones y edificios emblemáticos y para acceder a estos hay que sacar el ‘fast pass’ que no es otra cosa que un ticket de la compra donde dice a que hora puede usted acceder a dicho edificio emblemático. Pero cuidado. Usted solo puede sacar un solo fast past y hasta que no lo gaste no podrá acceder a ningún otro edificio bonito de esos en los que cae agua por todas partes….

Y así funciona el fast past señores. Si, si funciona pero con un volumen de gente aceptable. Desde luego el efecto del fast past deja de notarse cuando son dos mil personas las que están en la cola del fast past desde las diez de la mañana aguantando el calor de Zaragoza, ese calor seco, seco y seco.
Y hablando de calor seco….

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::: Que recibimiento…

Como la vida misma,…..Después de unos días fuera esto es lo que me encuentro en casa….¡así da gusto!

Via: El mundo de los Gatos
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::: Me olvido de ti…

Lo siento, me olvido de ti sin querer. No caigo de tu existencia. No sé que ocurre que pasan los días sin que ni siquiera te tenga en cuenta. Oh,…lo siento.
Querido mío,… naciste para ocupar mi tiempo y probar nuevas experiencias y así te lo pago. Perdón. Mis más sinceros perdones. Otras cosas me tienen ocupada, no más importantes que tú… o sí, bueno no sé, es que …. el calor, la pereza, la vagancia… ay,… que lo entiendes ¿verdad?.

Ya te digo que lo hago sin querer, y veo que no soy la única que se olvida de vosotros. Estamos en periodo vacacional, ya lo sabes y además en verano nadie os tiene en cuenta porque por aquí pasa poca gente (que todo se sabe) y no es que yo me esté disculpando, que también, pero es que… jo, compréndelo. Ahora me voy de viaje, y justo en el último momento con un pie en el coche y la maleta en el maletero me he acortado de ti. ¿Eso no lo tienes en cuenta?

Podía haber cerrado la puerta, puesto el gps y la radio y ya está: ¡de vacaciones!… pero no, no lo he hecho, antes me he sentado aquí, a escribir estas cuatro letras que expliquen mi agosto.
En realidad es una excusa y creo que te habrás dado cuenta. … Perdóname,… a cambio te dejo una panorámica de Zaragoza…. ¿vale?


Pincha! Pincha!

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