¿Quién vengo siendo?

En serio, ¿de verdad se creen ustedes que ese fontanero que les ha venido a atracar esta tarde es realmente fontanero? Por su hacer y actitud tiene más trazas de bandolero-pelocenicero que de experto en aguas, tuberías y saneamientos. No se confundan. No es cuestión de etiquetas, como ya dijimos en su tiempo. Es cuestión existencial.

Ante la eterna pregunta con la que se les asalta sin piedad a los tiernos infantes, la tan conocida «y tú, ¿qué vas a ‘ser’ de mayor?», no caben respuestas innovadoras. Desde pequeñito, usted ya sabía sin saberlo que ‘ser’ es trabajar. Esas tonterías del ser que hablan los filósofos son pajas mentales de vagos desempleados, oiga.

‘Ser’ astronauta, ‘ser’ bombero, ‘ser’ policía, ‘ser’ periodista en la SER es eso; quedarse tranquilo y saber que uno existe porque ‘es’. Así, no le da a usted por primero pensar y luego existir como dijo algún descerebrado. Es como el jeroglífico del huevo y la gallina, pero con solución a pie de página. Es evidente: primero fue la profesión y después el existir. Lo de pensar no sirve para ser, ya que ‘ser’, es decir, existir, consiste en ser solvente para un banco y ser un número más de cliente.

Esque-ser o no ser

Pero, no se vayan todavía. Hagan una pausa para reponerse del mareo existencial y tomen aire. Bien. Volviendo al fontanero-bandolero (y amante-bandido en sus ratos libres), teoricemos. Antes que fontanero, este elemento iba para bandolero, pero de pequeño como su respuesta a la famosa pregunta no estaba bien vista, acabó en una profesión que es compatible con sus ansias cleptómanas.

Ahora relacionémoslo con Dexter (perdón a los no-cableados), ese psicópata que consigue sublimar sus bajos instintos a través de un código de conducta creado por su padre. Ese código le permite trabajar para la ley y el orden y al mismo tiempo matar imaginativamente poniendo en práctica una ley del talión más perversa y morbosa que la original. Dense cuenta, Dexter no es más que una exageración dramática de la situación cotidiana que vivió nuestro amigo fontanero-bandolero durante su pubertad y juventud. Obligado a no decir que su ídolo era Curro Jiménez, se partía el lomo llevando herramienta de aquí para allá cuando era aprendiz. Pero, llegó a buen puerto gracias a la orientación que le dio su padre con la típica frase de «pues si no quieres estudiar, te pones a trabajar». Tienen ustedes ante sus ojos a un perfecto ser humano que es lo que debería ser y que además, según todo el mundo, ‘es’ fontanero.

Apliquénse el cuento por vía tópica. ¿Quién vienen siendo ustedes? ¿Son los que son y están los que están? Busquen al líder que llevan en su interior, al artista que se dejaron olvidado tras un fin de semana de sexo o al inventor chiflado que siempre han sido en la intimidad. Puede que se sorprendan a sí mismos y resulten ‘ser’ lo que son. Si su profesión es vocación, enhorabuena: realmente ustedes son lo que dicen ‘ser’.

Aunque, después de todo, lo natural es ser persona con personalidad propia. Pero, incluso sin bancos mediante, todos tenemos nuestro propio número strandard de personalidad a escoger entre el 1 y el 9 según informaba Verba Volant, quien nos invitaba también a hacer nuestro propio eneagrama. Si se lanzan a hacer el test, no se esfuercen demasiado para que les quede bonito. Al final, números somos y en números nos convertiremos.

Banda Sonora recomendada:

  • ¿Quién vengo siendo? x Siniestro Total «Sesión Vermú» (1997).
    http://www.seriezeta.com/k/recursos/musique/ST_sesion_quien.vengo.mp3

Dedicado a esa chica que se encontró con Sr.K buscando a Caín. Esa mujer que ahora es lo que quiso ser y que sigue siendo como hace 15 años.

El estado preocupado

Según lo que nos veníamos temiendo, el ser humano está destinado a estar preocupado. El estado natural de la persona es una sensación de estrés y de espera. ¿Qué esperamos? Esperamos a que empiece nuestro programa favorito. Esperamos que llegue el fin de semana. Esperamos que esa persona nos corresponda. Esperamos cobrar a primeros de mes…

Lo más frustrante es que cuando concluye la espera y tenemos o disfrutamos de lo esperado, el estado de desasosiego no termina, sólo se atenúa. Los pequeños hitos de cada día no colman lo que esperamos llenar. Nos llenan, a veces hasta arriba, pero siempre se vacían de nosotros. Después, sólo nos dejan su recuerdo y vivimos de nuevo la desazón, que no es otra cosa que revivir la sensación de plenitud que durante unos instantes, horas o días tuvimos.

Estamos como estamos y somos lo que somos

Pero, ¿qué hay de lo no vivido? ¿Que sucede con lo que no es un recuerdo, lo que es una idea? También esperamos que nuestras ilusiones se cumplan y lo pasamos mal porque no llegan a hacerse realidad. Parece que nuestra vida es esperar a que sucedan cosas y hacer lo posible por que se hagan realidad, aunque sea por unos instantes. Eso es, en definitiva, el tiempo: un cúmulo de instantes del pasado o del futuro a los que tenemos acceso aleatorio desde nuestra consciencia.

Todo, al fin y al acabo, para descubrir que la droga que mueve la vida es hacer cosas que nos llenen y que después nos dejen un repertorio de posos que nos convierta en lo que somos. No es tan extraño pues, que nos droguemos. Es otra meta de la que disfrutamos y que nos deja también posos de tipo más mundano (por no decir fisiológicos). Así que nos preguntamos ¿La droga es un simulacro de vivir? Nadie es capaz de estar continuamente lleno. Siempre hay compases de espera en esta loca melodía que nos toca vivir.
Si conocen a alguien que siempre está contento con lo que hace (no entremos en si está contento con lo que es), desconfíen: o les engaña o es drogadicto.

Banda Sonora recomendada:

  • «Drowned World (Substitute for Love)» x Marta – Demo de no-profesional.

Gracias al Sr.Bothman por la pose robada. Visiten su fotolog en compensación

La espera de dejar pasar

En el capítulo de ayer, hablábamos de las esperas vitales que nos encontramos en el camino, pero hoy lo vemos desde el punto de vista de los y las que provocan parte de esas esperas.

Qué mejor que esperar a que los temas pendientes se pasen o se solucionen solos. ‘Sólo es un pronto’ y como el tiempo adormece, pues ya será menos grave más tarde. Nos gusta mucho eso de eludir responsabilidades. Cruzarse de acera cuando nos viene mal, o decir que ‘el móvil me lo dejé en el bolso y ya era muy tarde cuando vi la llamada’. Bendita tecnología.

Sí, es muy adulto (y no es sarcasmo) lo de dejar pasar las cosas. Si en algo se caracterizan los niños es en ser crueles y esa crueldad es fruto de la sinceridad. No la sinceridad objetiva de una persona vivida, sino la sinceridad de decir sin tapujos lo que piensan y decirlo al momento. Los adultos, no son crueles. De todos es sabido.

Será entonces que es muy de adultos responder con tazones de indiferencia a las personas que más te ofrecen. Sí, en cuanto parece que ese que ofrece empieza a pedir lo suyo, la persona que ha estado alegremente recibiendo se asusta del monstruo que ha creado. áPor Dios! Si nunca he rechazado (casi) nada por no hacerle daño. Si es que me cae bien, no es por nada. Pero… esto no puede ser. No puedo controlar la situación. Esto es demasiado violento. Haré lo que hacen los adultos, no voy a ser cruel. Dejaré que se le pase el mal momento. Es que todos tenemos alguna vez un mal momento. Dejar pasar es la mejor opción, sí, sí. Siempre funciona. :-)

áFotos No!

Luego, también está lo de huir a Cuenca o Saturno (según gustos) para evitar la expresiones viscerales demasiado íntimas. El truco es el siguiente: ya que te vas, al que tienes en stand-by sólo le dejas la opción de que evite los temas escabrosos los últimos días antes de la huída, ya que en esos días sólo estás para fiestas, no para comeduras de tarro. Es estupendo. :-)

Aunque siempre queda lo del caparazón. Los venden muy bonitos y alegres, algunos con orejas de gato, de colorines y hasta con canciones en japonés. Su uso es simple. Cada vez que nos venga un tema pendiente sólo hay que sostener fuerte-fuerte el caparazón y esperar, cuan numantinos, a que se le quiten las ganas de traspasarlo al tema pesado ese. :-)

Lo único que recomiendan los expertos si eres de los/las que dejan pasar el tiempo para solucionar los temas pendientes, es convertirse en un/una erudito/erudita en meteorología y siempre llevar un buen paraguas a mano, porque nunca se sabe cuando va a haber tormenta, como dicen Los DelTonos…

Banda Sonora recomendada:

  • «Soy un ser humano» x Los Enemigos – «Obras Escondidas (1985-2002)».
  • «Tormenta» x Los DelTonos – «GT» (2005).

Dedicado con mucho cariño (aunque no lo parezca) a una amiga que lo leerá y a otra que no. Un abrazo a la que lo lea.

A protegerse y cubrirse

Estimado señor.

Empecemos como hay que empezar estas cosas: áhágase cargo!… No. No cargo político, sino que piense un poco en los demás. Aunque bueno, el programa de protección de testigos es así, no nos queda otra. Por lo que nos toca nos tendremos que acostumbrar a ello. Sé que usted no escogió la situación, que fue la situación la que le escogió a usted. Ya sabe, lo típico de «en el peor lugar en el peor momento». Además, si está protegido, mejor, porque ya se sabe que sin proteción no hay que ir por ahí.

Que le venía a decir que su salida precipitada hacia el anomimato dejó descolocadas a muchas personas. Que llevamos ya una temporada que no hay ni dios ni amo que las coloque. Ni con drogas, oiga. Tampoco es que se hayan echado a perder – siguen siendo números, perdón, útiles para la sociedad – pero sí que es cierto que se sienten desprotegidos por el programa de protección de testigos. Eso de no poder saber nada de nada y encima ni poder preguntar les desasosiega; «¿estará bien?, ¿rezará sus oraciones?, ¿comerá verdura y pescado?, ¿llevará pistola?…»

Testigos protegiendose

Pero, tampoco es plan de echar la culpa al programa de protección de testigos. Cuando se entra en el programa, suele ser por el bien del protegido. Al final ya se sabe que los mejores traidores siempre viven en casa y es mejor alejarse no vaya a ser que a algún cercano le dé por pasarse al otro lado. No, no, no vaya usted a pensar que le estoy llamando traidor. Quizá… ¿no-avisador?, por eso de «el que avisa…» más que nada. Tampoco tengo yo nada claro, si le digo la verdad. Será que de tanto dar vueltas el martini con vodka se revuelve en lugar de sólo agitarse.

En fin, que tampoco es plan de tocar las narices ni de meternos en camisas con las mangas atadas a la espalda. Esperemos que el juicio entre pronto y que deje usted de ser un testigo protegido. Aunque igual le gusta serlo y ni se presenta a la sesión del tribunal. Entonces prescribirá el delito con el paso del tiempo y ya lo de ser testigo protegido no tendrá mucho sentido. Porque la situación es esa ¿no? que ha tenido que acogerse al mencionado programa. Si no, no sé que explicación puede haber a su desaparición tris-tras ni lo ves ni lo verás.

Atentamente, uno que pasaba por aquí.

Banda Sonora recomendada:

  • (Tengo que hacer) los deberes x Los Enemigos – Obras Escocidas (2000).
    http://www.seriezeta.com/k/recursos/musique/enemigos.deberes.mp3

Olor a orín

En un intervalo corto de tiempo he coincidido con un señor de avanzada edad, con cojera renqueante, nada estilosa, como es la de House, y con un pegajoso olor a orín.

La primera vez, fue de espaldas y en el supermercado como inmediato cliente anterior a mí en la cola de la caja. Con respiraciones sonoras, metía torpemente en bolsas bricks de vino y latas de refresco de cola. Hábilmente, una vez abonada mi compra, me adelanté a él inhalando en profundidad su ácido aroma a orina. Repulsión y condescendencia fueron los sentimientos con los que salí del súper además de la sensación de oler yo mismo a orín. Sensación que me acompañó hasta la puerta de mi humilde morada.

Unos pocos días después, en una de esas visitas que todo hijo debemos a nuestros padres, coincidimos a la entrada del portal. Era reconocible a distancia por sus renqueantes movimientos al intentar abrir la puerta y por su característico olor. Iba a resultar que el señor del olor a orín era vecino de mis padres. «Tan lejos, tan cerca…». Sostuve la puerta desde desde detrás notando más profundamente su hedor. Como ya hiciera en el supermercado, me adelanté a él tras cerrar la puerta del portal sintiendo de nuevo el ya, a esas alturas, familiar olor pegado a mi cuerpo y a mi pituitaria.

*El Callejón del Pis, entre Laín Calvo y Huerto del Rey, Burgos D.F.

Tras subir los escalones que conducían a los ascensores, llegó la sorpresa. Al verlo de frente, mientras esperaba aguantando la puerta del ascensor, observé su ropa limpia (mejor planchada que la mía) y con buen gusto dentro de la moda para caballeros de cierta edad. Pero, lo que completó el desconcierto fue cuando habló y dijo algo del mal tiempo, influído sin duda por el ascensor con su puerta abierta, siempre deseoso de ser escenario de las conversaciones que llevan su apellido. Detuvo incluso su pesado andar y se apoyó sobre su bastón con solemnidad al comenzar a hablar. Su voz era clara y su mirada inteligente. Nada correspondía con la idea que comunicaba su olor a meados que aumentaba a cada paso que daba hacia mí. Fue una chispa de dignidad, como señor que era (y es, supongo). Chispa al fin, porque su olor nublaba al instante cualquier percepción benévola sobre su persona.

Compartí, hasta el segundo piso, el cubículo del ascensor y me empapé de su esencia úrea. Salió, renqueando de nuevo, a la oscuridad de detrás de la puerta del ascensor, que lo absorvió al instante. No se despidió, supongo que por mi inexistente réplica en la conversación de ascensor sobre el clima. Se fue, pero quedó su entidad. La esencia que perciben los que se cruzan con él. Hasta el sexto piso conviví con la condescendencia y repulsión que ya había sentido antes, pero ahora había una nueva invitada: la desazón. Aunque tampoco duró mucho, la verdad. El hedor no dejaba espacio a la lucidez.

En conclusión, siempre seremos lo que parecemos y, sólo a ratos, conseguiremos ser nosotros mismos.

Banda Sonora recomendada:

  • «Pelo de perro» x La Vacazul – «Pelo de perro» (1998).

*La fotografía que ilustra este texto es del callejón que comunica la Plaza Huerto del Rey con la Calle Laín Calvo en la ciudad bravía de Burgos. Es conocido en ciertos círculos como «El Callejón del Pis«, por ser el lugar donde los incontinenetes de sábado por la noche evacúan su orina. Característico por su penetrante olor los fines de semana.

Oriencidental

Venga pa’quí y pa’llá. Ni me paren, ni me quiten lo bailao, que parar es muerte y la muerte da miedo porque en occidente ya no sabemos qué hay detrás. Hace un tiempo lo sabíamos – vive Dios –, pero se nos fue de las manos por que nos distrajímos con otras cosas consumistas y comunistas. Y mentando a la bicha, piensen en los chinos. Ellos sí que saben, no como nosotros; blancuzcos ojipláticos adoradores de muñequitos gores barbudos. Miles de años de tradición pinchándose con las agujas de los pajares y respetando a sus viejos como señores de edad que son. Será por eso que los mayores chinos parecen antiguos más que viejos. Será porque siempre han estado ahí; observando a los locos occidentales, diciendo «ya vendréis, ya». Pero, nadie viene. Así que mandan a sus vástagos a avisar. Y sus vástagos se pierden entre las tragaperras, el kitsch barato y los ultramarinos seven-eleven de barrio.

Amarrado motorizado

Al final, si los chinos nos quitan algo, que nos quiten lo bailao, que la angustia vital a occidente no se la quita ni Dios, ni el tai-chi, ni el prozac.

Banda Sonora recomendada:
«Occidente» x Los Enemigos – La cuenta atrás (1991)
http://www.seriezeta.com/k/recursos/musique/enemigos.occidente.mp3

Tres preguntas

¿Qué son veinte días en comparación con veinte años? Pues básicamente, son magnitudes difícilmente comparables. No hablamos pues del procaz «veinte-veinte«. Tampoco de los dedos de las manos que ya ni contamos desde que la tecnología nos ha vuelto vagos. Hablamos de tomarnos nuestro tiempo; de no tener que justificar nuestros ritmos ante los que van a toda hostia por la carretera.

¿Quién marca el tempo? En los estudios profesionales de grabación se ocupa la claqueta. En los estudios caseros lo marcan las ganas. Esas mismas ganas son las que nos hacen abrir los ojos cada mañana y levantarnos en lugar de darnos la vuelta y seguir durmiendo. El tiempo se dilata y contrae a voluntad de la motivación. El recorrido para llegar a un punto puede ser presto, tranquilo o incluso larguisimo. Siempre han llegado más seguros los que por su camino han ido tarareando alguna cancioncilla o iban dando saltitos a modo de coreografía.

¿Lo regular en el tiempo es repetitivo y feo o resulta estable y agradable? En un mundo en el que nos desbordan miles de mensajes apelando a la regularidad escatológica, lo regular se ha concubinado con lo políticamente correcto generando monstruos asépticos. Ya ni al gotelé se le respeta. Sólo una buena pared regular puede ayudar a justificar un precio inmobiliario indecente. Quizá lo regular apriete y ahogue como ni Dios lo hacía antes.

Mira quién se amontona por aquéí

Lo despacito es suave y lo suave siempre mola tocarlo. Tocarse da gustito y lo agustito que se queda uno en la cama en cuanto decide, según abre el ojo, que se va a dar la vuelta en lugar de levantarse. Porque levantarse es moverse y si hay que entrar en movimiento, mejor que sea en Movimiento Slow. Disfruten del paisaje.

Banda Sonora recomendada:
«Suavecito, suavecito» x La Marabunta – La Marabunta (1993)

20 días sin actualizar Sr.K no es desidia, dejadez o vagancia. Son cambios de ritmos, nomás.

Réquiem. Parte II: Las Causalidades de Vivir

Bien pensado, remontarse a los orígenes de la vida en sí es meterse en un terreno tan farragoso como el caldo primigenio al que cantan Transportes Hernández y Sanjurjo en su canción Madre Fango. Que lo de buscar las causas de la vida da dolor de cabeza y dolor de corazón al mismo tiempo. Es más facil encontrar motivos para vivir.

Por otro lado, (siempre está el otro lado) un réquiem sirve para grabar la vida de otro en la memoria del que lo escucha o lee. Pero, me gustaría que este réquiem no fuese sólo una sucesión de datos de todo tipo sobre Luisete, el viejo amigo que falleció hace menos de una semana. El ser humano es egoísta y nuestros ombligos, además de pelusa, tienen un interés tremendo para nosotros, sus dueños.

No merece la pena ser plañidera. Se pueden decir miles de cosas como lo de fíjate, tan joven, que pena, y de tu misma edad, etc, etc, etc… En realidad, admito que no lo conocía tanto. Pero, la reacción en cadena que ha provocado en los vivos su súbita desaparición física ha sido todo un acontecimiento. Decíamos ayer que las señales están para verlas y me dijo el otro día el jefe que «a ver cuánto duran las buenas intenciones». Porque es así. El toque (casi empujón) que Luisete ha dado a nuestras vidas nos ha hecho plantearnos a todos qué ocurriría si mañana, como le sucedió a él, nos morimos de repente. Hemos empezado a ver las cosas importantes como nimiedades y las banales como imprescindibles. Cada bocanada de aire que aspiras la notas llena de fuerza. Miras más a la cara a la gente y hasta les sonríes. Tienes más en mente a la gente que aprecias. Como comentaba Pedro (ilustre comentador en este humilde blog) en la anterior entrada: La vida, Sr. K, sólo está aquí y ahora.

En pleno tránsito...

Otra idea que resulta curiosa y turbadora es la de la ausencia. Decía su mejor amigo de los viejos tiempos que es muy difícil hacerse a la idea de que si ahora cruzas la colina que te separa de su casa, ya no lo vas a encontrar allí. Que es muy fácil tenerlo separado físicamente de tí y no llamarlo o ir a hacerle una visita mientras sabes que está vivo. Que lo ves cuando te apetece, cuando te viene bien. Lo dífícil de la ausencia física es que una vez que alguien desaparece impregna a todos los que le conocían. Ya no pueden esquivarlo o poner excusas. Los que de verdad le apreciaban se han quedado con una parte de él dentro y ahora esa parte les mira y les visita cuando a ella le apetece. Todos somos una Bene Gesserit.

Si algo ha quedado de Luisete en todos los que lo conocíamos es, a buen seguro, su fuerza y su tenacidad. Ese «no hay cojones». Ese buscar siempre el lado más amable de lo imprevisto. Tirar p’alante cueste lo que cueste, pero no caiga quien caiga. Nos ha dejado el testigo del vive tus sueños, porque él los vivió. Nos ha mirado a la cara y nos ha soltado un «áEh! Muévete, tío».

El cielo ya lo tocó por toda la Península Ibérica, los Alpes y los Andes. Como infierno tendría el que todos tenemos en nuestras pequeñas desgracias. Su admirable padre lo ha hecho muy bien: su presencia física ya sólo es polvo entre polvo para que no le rehuyamos, para que no crucemos la colina hasta llegar al cementerio cuando nos venga bien, para que no se nos escape de dentro, para que comparta nuestra vida.

Dicen que la inmortalidad dura lo que duran las personas que nos recuerdan en la tierra. Por suerte, creo que viviré más de lo que pensaba.

Bienvenido Luisete.

Banda Sonora recomendada:

  • «Brindis» x Los Enemigos – «La Cuenta Atrás (1991)».

Dedicado a todos los que nos acompañan en nuestro camino en presencia y en esencia.

Humedad en el barrio

Después de un día de calor atroz llegó una mañana nublada que a las diez empezó con txirimiri. Decían unos señores, en uno de los pocos bares abiertos ese domingo, que hacía como para ir a coger caracoles. Mirando a las alturas de los bloques de pisos en lugar de caracoles con sus cuernos al sol asomaban personas al fresco de la mañana. El calor acumulado en los pisos tras la solina del día anterior había cortado las horas de sueño de los habitantes del barrio. No eran las habituales amas de casa ni los eternos jubilados que se levantan a las ocho todos los días. Esa mañana preveraniega, eran jóvenes, no tan jóvenes, viejos y niños asomados a la caída queda de la fina-fina lluvia. Unos fumando. Otros sin camiseta. Todos mirando a la calle como si fuesen recién llegados al barrio.

Resistiendo al agua

La calle estaba tan quieta como la lluvia. Poca gente y todos los comercios cerrados. El rumor de fondo de los bares recién abiertos. Luego, la lluvia cesó. El gris del cielo se hizo intenso. Como si hubiesen abierto la puerta de una sauna, un aliento de calor húmedo acompañaba a los paseantes de la calle. Todos pensaban que no era pesadez en paso; era placidez al vagar. La humedad lubricaba la sensación seca del caluroso día anterior.

Feliz solsticio de verano.

Capiscol / Burgos – Cafetería New Park 14.06.09

Banda Sonora recomendada:
Llueve x Siniestro Total «La Historia del Blues» (2000).

En Spotify: Siniestro Total – Llueve

De la serie Vagar no es de vagos en Sr.K, del lado sano de mi cabeza
[Ver serie completa]

Visto en la tele

* Atención puede herir sensibilidades cándidas. +18 años *

…mientras libaba el fime bálano suavemente ora arriba, ora abajo, le vinieron unas ganas súbitas de trasegar más allá y probar al completo al dios príapo. Siendo menesterosa en su quehacer, recibía el beneplácito de su bisoño compañero con los pescozones que arritmicamente propinaba en las posaderas de nuestra aplicada mamadora de grandes mamas.

Súbitamente y provocando gran pasmo entre los dos amancebados, se abre la puerta de la cochambrosa alcoba con cuadros de bazar oriental y se persona el cónyuge de la aplicada libadora de falos de egregio busto. Tras la bramada de cuatro bravuconadas por parte del nuevo personaje, la fémina, enardecida en exceso por la actividad precedente a la interrupción de su contrario, hace una propuesta a los dos varones. Ya que dar achares a uno de sus dos convidados a la cuchipanda iba a hacer decaer la fiesta, sugirió que el exento de caricias orales fuese vagón de cola del trenecito del que ella misma sería succionadora locomotora.

Diligentemente y haciendo uso de su supremacía temporal conseguida con su abrupta entrada en el aposento, el marido de la libidinosa mujer requiere ser coche de cola en el improvisado convoy de carne dentro de carne. El otro individuo con una mezcla de resignación y humillación accede a la petición e inmediatamente se ve atrapado en un movimiento rítmico que sólo le proporciona dicha cuando su pelvis se acerca a las tragaderas de la lujuriosa dama y se aleja de la verga del consorte bravucón.

A continuación, dedo en botón y a otro canal. Y es que el cable es lo que tiene; ves desde documentales hasta alcaldes graciosetes. áAh! sí, y porno, claro. Esa es la movida. El cable enriquece. ¿Alguien lo duda?

La tele no es cultura, pero ¿la cultura es tele?

Banda sonora:
El emérito Julián Hernández en un disco sobre los 7 pecados capitales. Aquí la letra, para los que la sigan al pie.
De la serie Espertpénti.K «Visto en…«. Capítulos siguientes: [II]