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Dedicado, como no podía ser de otra forma a la piara que mejor ve: A Vista de Cerdo.
Del lado sano de mi cabeza
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Dedicado, como no podía ser de otra forma a la piara que mejor ve: A Vista de Cerdo.
En un intervalo corto de tiempo he coincidido con un señor de avanzada edad, con cojera renqueante, nada estilosa, como es la de House, y con un pegajoso olor a orín.
La primera vez, fue de espaldas y en el supermercado como inmediato cliente anterior a mí en la cola de la caja. Con respiraciones sonoras, metía torpemente en bolsas bricks de vino y latas de refresco de cola. Hábilmente, una vez abonada mi compra, me adelanté a él inhalando en profundidad su ácido aroma a orina. Repulsión y condescendencia fueron los sentimientos con los que salí del súper además de la sensación de oler yo mismo a orín. Sensación que me acompañó hasta la puerta de mi humilde morada.
Unos pocos días después, en una de esas visitas que todo hijo debemos a nuestros padres, coincidimos a la entrada del portal. Era reconocible a distancia por sus renqueantes movimientos al intentar abrir la puerta y por su característico olor. Iba a resultar que el señor del olor a orín era vecino de mis padres. «Tan lejos, tan cerca…». Sostuve la puerta desde desde detrás notando más profundamente su hedor. Como ya hiciera en el supermercado, me adelanté a él tras cerrar la puerta del portal sintiendo de nuevo el ya, a esas alturas, familiar olor pegado a mi cuerpo y a mi pituitaria.
Tras subir los escalones que conducían a los ascensores, llegó la sorpresa. Al verlo de frente, mientras esperaba aguantando la puerta del ascensor, observé su ropa limpia (mejor planchada que la mía) y con buen gusto dentro de la moda para caballeros de cierta edad. Pero, lo que completó el desconcierto fue cuando habló y dijo algo del mal tiempo, influído sin duda por el ascensor con su puerta abierta, siempre deseoso de ser escenario de las conversaciones que llevan su apellido. Detuvo incluso su pesado andar y se apoyó sobre su bastón con solemnidad al comenzar a hablar. Su voz era clara y su mirada inteligente. Nada correspondía con la idea que comunicaba su olor a meados que aumentaba a cada paso que daba hacia mí. Fue una chispa de dignidad, como señor que era (y es, supongo). Chispa al fin, porque su olor nublaba al instante cualquier percepción benévola sobre su persona.
Compartí, hasta el segundo piso, el cubículo del ascensor y me empapé de su esencia úrea. Salió, renqueando de nuevo, a la oscuridad de detrás de la puerta del ascensor, que lo absorvió al instante. No se despidió, supongo que por mi inexistente réplica en la conversación de ascensor sobre el clima. Se fue, pero quedó su entidad. La esencia que perciben los que se cruzan con él. Hasta el sexto piso conviví con la condescendencia y repulsión que ya había sentido antes, pero ahora había una nueva invitada: la desazón. Aunque tampoco duró mucho, la verdad. El hedor no dejaba espacio a la lucidez.
En conclusión, siempre seremos lo que parecemos y, sólo a ratos, conseguiremos ser nosotros mismos.
Banda Sonora recomendada:
*La fotografía que ilustra este texto es del callejón que comunica la Plaza Huerto del Rey con la Calle Laín Calvo en la ciudad bravía de Burgos. Es conocido en ciertos círculos como «El Callejón del Pis«, por ser el lugar donde los incontinenetes de sábado por la noche evacúan su orina. Característico por su penetrante olor los fines de semana.
Tercera entrega (y lo que te rondaré, morena) extendida y temática:
Autorretretes con marco que tiende a la circunferencia o redondel
Entregas anteriores: [Autorretretes I] – [Autorretretes II] – [Todos]
*Dedicado a mis sufridos lectores. Buscando inteligibilidad y descanso mental para ellos por un ratillo.
Mala suerte. Esta entrada no contiene desnudos ni integrales ni parciales. Mentes sucias es lo que sobra en los interneses
áQué empiecen las celebraciones! Con esta entrega tan marcada, Sr.K termina la primera época expositiva de los Autorretretes. Oooohh… Dice a coro el público, pero no se preocupen: la segunda era de los Autorretretes llegará, no se sabe cuando, pero llegará.
En los autorretretes de hoy:
Con el ánimo de defraudar a todos aquellos que han entrado a esta décima entrega Autorretrética buscando fotografías X de japonesas en servicios públicos, ahí que van los Autorretretes enmarcados:
Banda Sonora de final feliz recomendada:
Entregas anteriores: [Autorretretes I] – [Autorretretes II] – [Autorretretes III] – [Autorretretes IV] – [Autorretretes V] – [Autorretretes VI] – [Autorretretes VII] – [Autorretretes VIII] – [Autorretrete Conmemorativo (IX)] – [Todos]
Es un bar de barrio en pleno agosto a la hora de comer. Cuatro personas. Tres de ellas apoyadas en la barra. Una más está detrás de barra y otro más sentado a una mesa escribiendo en una Moleskine azul.
Por un lado, una señora que acaba de hacer la compra y sentada en uno de los taburetes degusta un marianito rojo mientras ojea un periódico. Por otro, un señor de bigote con su codo apoyado en la barra guarda y no toca una copa de tinto mientras mira adusto los vídeoclips de grupos alternativos que emiten sin pausa por el canal Pachá, que reina en la única televisión del local y que resultan ser los únicos sonidos más cercanos a lo humano que se oyen en el bar. Justo al lado, otro señor, con polo verde manzana y mayor que el de bigote, lee apoyado en la barra completamente concentrado un diario local. En una de las mesas amarillo de acabado plástico del bar, otro señor de ropas grises y aún más mayor y más cansado de la vida que todos los presentes mira sin mirar la copa de tinto que sus dedos rozan en la base. Aguanta la vida sin más, no espera nada.
La camarera joven, vestida de negro y con carne a la que agarrarse sale de la barra y se acerca impasible a la máquina de tabaco que está al lado del que está escribiendo. Según la camarera mete las monedas en la máquina, el que escribe deja de escribir y cierra alterado la libreta azul. Se siente como un voyeur cazado e intenta disimular pasando las hojas del magazine que tiene sobre la mesa.
Cristina Rosenvinge compite con el ruido de las cámaras frigoríficas. El señor de bigote echa unas monedas a la tragaperras y lanza a la concurrencia un quedo «áHasta luego!» que sólo es respondido por la camarera ya desde detrás de la barra.
En cualquier lugar puede hacer frío, te mudes donde te mudes.
Gamonal / Burgos – Bar-pulpería Rubena 08.08.09
Banda Sonora recomendada:
«Farol» x Josele Santiago – Garabatos (2006)
En Spotify: Josele Santiago – Farol
De la serie Vagar no es de vagos en Sr.K, del lado sano de mi cabeza
[Ver serie completa]
sellando credenciales (san juan de ortega) – partida – botas – caminando – paso canadiense – caminando – café con leche (atapuerca) – caminando – espiral de piedras – caminando – café y refrescos – buscando bares (cardeñuela de río pico) – caminando – johansen (carpintero alemán) – bocata (castañares) – caminando – hablando en inglés sobre un puente azul – mochilas – la quinta (burgos) – cantos alemanes – el cid – albergue (burgos) – vuelta a casa – habitación sin vistas
Todos los VídeoTrayectos de golpe en la Categoría VídeoTrayectos.
Lo que prentenden ser los VídeoTrayectos se puede conocer en su primera publicación.
*Contenido extra de este VídeoTrayecto:
Sólo hacen falta dos días de caminata en un extraño viaje de vuelta hacia el hogar y que no llueva demasiado para descubrir que en Alemania algunos aspirantes a ser maestros carpinteros cumplen tres años de formación académica y luego se pasan otros tres fuera de sus respectivos hogares trabajando, como quien dice, por comida y cama.
Johansen es uno de estos Wandergesellen auf der Walz – un «caminante del Walz» – al que sólo resta medio año para poder volver a su casa. La gente suele preguntarle con estupefacción si no es demasiado tiempo fuera de casa. Johansen suele coger su bastón labrado con formas que giran sobre sí mismas como si de una llama de madera sin pulir se tratase y marca con sus dos manos una distancia en el bastón. «Esto son 80 centímetros, ¿Ok?» Tras recibir la expectante confirmación de su interlocutor reduce la distancia que marca con sus manos sobre el bastón «Y esto son 3. Como ves, no es nada comparado con 80. Ahora piensa que los centímetros son años y que los 80 centímetros son los años que vas a vivir. Teniendo en cuenta que lo que aprenderé en estos 3 años de viaje me servirá para toda la vida, ¿te sigue pareciendo mucho tiempo?» Johansen sonríe. Qué cabrón. Y no tiene ni 30 años.
[…] el que la compañera de piso te coma el chorizo sólo puede acabar mal […]
Cita descontextualizada de una conversación teléfónica sobre compañeros de piso que te dejan con las ganas de hacerte un bocata para cenar. La vida de inquilino tiene múltiples lecturas.
Banda Sonora recomendada:
«Dame comida» x Siniestro Total – En Beneficio de Todos (1994)
cainSan hará de su capa un sayo y de su sayo un «si yo…». La condición humana es condicional.
[Ver Cita Original]
cainSan dixit – anfitrión de los lados sanos e insanos de Sr.K – plukeando en verano.
Banda Sonora recomendada:
Elvis está vivo x Andrés Calamaro «Alta suciedad» (1999).
No quiero. No sé. Es que así estamos bien. Bueno, nada es perfecto ¿no?… pero casarnos. No me tientes que me conozco mejor que a ti. Es que es un marrón: familia, restaurante, discoteca, viaje… áBuf! me agobio sólo de pensarlo.
¿No lo sabías? Agnóstico. Lo de Dios nunca lo he llevado muy bien. Me sentiría como escupiendo sobre la hostia. Los curas cuanto más lejos mejor. No, por la Iglesia, no. Como mucho por lo civil. ¿Soso? No sé. Mientras no nos case el alcalde…
De todas formas, ¿para qué? Nuestro compromiso no es como el del resto de la gente. No necesitamos gritarlo a los cuatro vientos. Es tan degradante eso de mi mujer. No, no quiero. No quiero empezar a llamarte mi mujer. Te puedo llamar mi pareja, mi persona especial, mi… no sé. Hay miles de formas bonitas y no-degradantes.
La familia, la familia… Con ir todos los domingos a comer a casa de mi madre ya me vale. Así ya están contentos. Hombre, la abuela no está muy pallá… le haría ilusión, la verdad. A ver ¿tú quieres?… date cuenta que es un pequeño paso para hoy, pero un gran paso para la eternidad.
Yo es que ni me lo pienso. Casarse, a quién se le ocurre… ¿Dónde vas? áOye! ¿Ya estás llorando?… ¿Te has tomado el trankimazin hoy?… Claro, así estás como estás.
*Dedicado a los recién ocultamente casados*
Lo peor no es decirlo, es explicar cómo la has visto. Y visto lo visto, mejor no dar explicaciones si no te las han pedido. Una cana en los huevos es una muesca más en las cachas del revólver. Una blanca mácula en lo más profundo e íntimo de la masculinidad.
A pesar de todo, el hombre (véase macho) es capaz de convivir con la natural degradación de su cuerpo en perfecta comunidad. Es de recibo y de muy hombres cohabitar sin-vergüenza con las propias manifestaciones fisiológicas del nuestro cuerpo llamado humano. Si el cuerpo lo echa, será por algo. Y si además agitamos las sábanas, será porque simplemente nos parece mejor que no hacerlo.
Tampoco tiene el hombre (véase macho) reparo en ver como su cuerpo paga la factura que el tiempo pasa al portador. Si el cuerpo echa barriga, será porque nos cuidamos. Si nos huele la sobaquina, será por nuestras súper-feromonas. Si no se nos levanta, será culpa de los cuba-libres de garrafón, que si hubiésemos bebido sólo cerveza (¿nos cuidamos o no?) otro pájaro montaría. ¿Que hay canas en nuestra cabellera? Eso es que no nos vamos a quedar calvos (!?) y cuantas más mejor. Incluso, desde la oportuna (y agradecida en secreto por todos los hombres) aparición de George Clooney peinando sexys canas, no hay macho-humano que se sienta amedrentado cuando se le asoma al pelo el gris (no confundir con Gandalf).
Hasta aquí, todo llevado dignamente, sí señor. Pero, eso de que te toquen los huevos, perdón… que les toque también a los testículos, ejem, desestabiliza a cualquier gran hombre. Debe ser el complejo de mamá-gallina superprotectora el culpable de la depresión. Reconozcámoslo: ver una cana acompañando al resto de los pelos del escroto no es un espectáculo agradable. ¿Se me pasa el arroz? ¿Por eso ya me empiezan a llamar señor los chavales que me piden cigarros? ¿Será del poco uso? ¿Tendré que empezar a congelar mi semen para en un futuro repartir mi semilla?
Y es que encima, está ahí, enhiesta blanquísima entre la negra marabunta pilosa, llamando la atención. áDios! ¿Donde están las pinzas de depilarme el entrecejo?
Banda Sonora recomendada:
Dedicado al zamorano universal que me descubrió a Los Enemigos y que puede decir lo de «basado en hechos reales». Salud y república allí donde estés.
También, una dedicatoria a Herenvardo, por su mente lúcida, por su endiablada juventud y porque parece que va a seguir la «Cadena Enemiga» gracias a un humilde servidor de ustedes.