Entradas de Julio, 2008

29.07.2008

Campeando con urbanidad

El campo da alergia al urbanita, mientras que la ciudad le da alegrías. Hay mucho que mirar en el espacio que hay entre la ciudad y el campo.

¿Cuánto tiempo hace que el campo no es campo? Los maquiavélicos urbanitas – primero como domingueros y luego como desesperados compradores de viviendas-gangas – han transformado el extrarradio de las urbes – de las que dicen huir – en pequeñas farsas de microciudades en las que las incomodidades de la vida campestre son sólo folklore. Ya sea jugando con fuego con una barbacoa comprada en el carrefur o poniendo a prueba los límites de la lógica en abastecimiento de agua, el campo ha dejado de ser el «duro campo» para ser un espacio indeterminado que ni tiene lo bueno de la ciudad ni lo malo del campo de toda la vida. Como decía aquél: «Nada con exceso. Rema con mesura», pero de sobrados está el mundo lleno y el «porque yo lo valgo» es algo más que un slogan para modelos de bella pelambrera.

Campo estructurado

Aahh… la tranquilidad del campo… esa tranquilidad que tanto molesta. No hay hada que hacer: no hay videoclub, la conexión de internet es de 128 kbps y la TDT no llega hasta aquí. Tampoco es cuestión de copular como monos todo el día – que es lo que se suele hacer ante el aburrimiento – porque luego salen niños y hay que bajarlos a la ciudad a que estudien en colegio privado. Así que de follar, ni hablamos (como siempre) y de ir a la era menos, porque ahora es una urbanización con piscina.

El campo de los mosquitos, los tábanos, las heridas en las rodillas y los chaparrones que te pillan en medio de la nada sólo es para los aventureros del siglo XXI que con sus botas de goretex®, sus forros polares, sus camisetas con las que no se suda, sus bastones de aluminio ultraligero, sus gafas de mosca y su mezcla especial de aután y protección solar factor 30 se enfrentan los fines de semana a la naturaleza en estado puro del campo. Senderos señalados de dificultad técnica extra por los que se ven cosas que nunca creerías. Poblaciones genuínas «de las que ya no quedan» con una refrescante máquina de Coca-Cola® en la Calle Mayor. Asadores de piedra para hacer parrillada en pleno parque natural y disfrutar de la comida churruscada al natural. En defintiva, el campo políticamente correcto e inofensivo para el aventurero amante del campo, del todoterreno y del quad, ese gran invento para los asilvestrados.

El campo ya no es para el que lo trabaja. El campo es para el que pasa frío, se moja, se ensucia las manos y le pican los mosquitos. Puertas no le habremos puesto y quizá por eso se nos ha llenado de urbanitas campeadores.

Banda Sonora recomendada:

Sr.K fecit in Cotidiáni.K · 7 Comentarios

22.07.2008

Postalesivas nº 6 - El mus del amor

Postalesivas nº 6 - El mus del amorPulsar para ampliar imagen
Safe Creative #0807290861317
*Actualización: A sugerencia de los comentarios vertidos en lugar de “Con pareja y juego…” se ha cambiado la frase por “Con par y juego…” por ser más musera que la anterior. Gracias por su colaboración, estimados comentaristas.

Ver más postalesivas

Sr.K fecit in Postalesivas · 7 Comentarios

13.07.2008

Confesiones crepusculares

Mírate. En el dedo índice derecho, antihemorroidal y en izquierdo, pomada antihongos, porque en la piscina o vaya-usted-a-saber-dónde se pilla cualquier cosa.

Te miras ambos índices después de lavarlos – porque no se deben mezclas ambas pomadas – y los rozas con sus respectivos pulgares. Además, hoy no te has tomado las pastillas y notas que la urticaria idiopática que va y viene vibra bajo tu piel. Si no rascas, no habrá habones… Si no rascas, no habrá habones…

Te giras y acaricias tus curvas, bueno, tu curva característica de hombre. Con el dedo índice del antihemorroidal escarbas en el profundo agujero de tu ombligo y sacas una pelusilla que tiras al water. Como el dedo huele tras su visita al centro de la barriga, te vuelves a lavar las manos con agua muy caliente. Te acuerdas de un documental sobre gente con manías, fobias y comportamientos compulsivos.

Tras lavarte los dientes, cierras el tubo del dentrífico – tubo que preocupantemente tiene el mismo color que la crema antihemorroidal – con esos dedos índices que no puedes dejar de mirar. Exhalas tu ahora fresco aliento al espejo y mantienes la boca abierta. Entre empastes, fundas, agujeros negros en las muelas y las que echas de menos crees que conseguirás pagar la educación universitaria a los cinco hijos del dentista gracias a la dentadura completa que te tendrán que poner antes de los 50.

Cara en herrumbre

Desde detrás de tus gafas ves que tu ojo izquierdo está irritado por culpa de las gramíneas a las que te has enfrentado esta tarde sólo por salir a la calle.

Observas que los pelos de las orejas te han vuelto a crecer más negros aún, si cabe. Te fijas en el entrecejo y ves que se ha repoblado a pesar de tus esfuerzos a coup de pinza. Y hablando de pelos, mañana habrá que afeitarse y ya estás viendo una cana nueva en la barba. Aunque en peores sitios pueden salir… Abres el armario para comprobar que sólo te queda una cuchilla nueva y que hay poca crema hidratante. Esa crema hidratante que dices a los demás que usas en lugar del after-shave, pero que relamente utilizas en cara y cuerpo como vulgar metrosexual, te afeites o no.

Cortas un trozo de papel higiénico y te suenas los mocos. Vuelves a cortar otro trozo de papel higiénico y vuelves a sonarte los mocos. Carraspeas y toses tres veces. Antes los catarros te duraban dos días. Ahora, dos semanas.

Cierras la puerta del baño y con paso quedo te acercas a tu dormitorio. Según abres la puerta estornudas violentamente tres veces seguidas. La ráfaga de aire frío que entra por la ventana que te dejaste este mediodía abierta ha podido con tus senos nasales. Con el pañuelo de papel menos acartonado que encuentras entre los miles que tienes en los bolsillos del albornoz que llevas puesto consigues detener el hilillo líquido de moco que tu nariz ha comenzado a segregar tras los estornudos.

Ya una vez tumbado en la cama, colirio para los ojos y un chute de spray nasal para cada fosa, por eso del ataque de las gramíneas invisibles. Miras la hora. Poco más de las 12. Preparas el desperador y te das cuenta de que estás cansado, pero no lo suficiente como para caer dormido en 2 minutos. Miras tus libros y revistas. Decides que mañana irás a la biblioteca de una vez para tener algo nuevo que leer mientras esperas al sueño.

Apagas la luz y miras al techo sin ver. Te preocupa sobremanera que no recuerdes qué has comido hoy. Cuando por fin te viene el recuerdo, te giras y cierras los ojos. Con una medio-sonrisa que no se ve, pero que tú sientes te dices: «Mañana, más y peor»

Sr.K fecit in Literáti.K · 1 Comentario

06.07.2008

Dejarse llevar, dejarse ir

Suele ser casi inmediato. Alejarse de pacederos habituales genera regocijo. Según llegamos a la estación de tren o de autobuses, todo parece más liviano. Según vemos por la ventanilla que la ciudad, que nuestra ciudad, queda atrás la mente se vacía de las cosas que nos vienen todos los días con acuse de recibo y pagaderas a 30 días.

De pronto, estamos en tierra de nadie. En ningún sitio. El vagón o el autobús no están, van. Y mientras van sólo están en cada sitio microsegundos. Y cuando llegan a su destino, como si de china en tirachinas se tratase, rebotan y convierten el destino en origen y el origen en destino por su simple naturaleza de línea regular.

Yendo de ahí­

No es por lo nuevo, por lo diferente que hay fuera de nosotros, si no por lo expuestos que nos sentimos fuera del nido. Los mecanismos de acción y pensamiento perfectamente engrasados y operativos cuando estamos embebidos en nuestro entorno cercano, chirrían y crujen fueran del tiesto. Todo no-probar, no-ir, no-venir, no-hablar es inútil para intentar reajustar nuestros mecanismos. Todo no-querer hace que aún chirríen más. Hay que dejarse de tecnicismos y dejarse llevar, dejarse ir.

Lo mejor para dejarse llevar es tirar lastre. Vaciarse de las cosas que nos llenan la cabeza en nuestro entorno íntimo-cercano. Claro que vaciarse de uno mismo produce rubor… Sentirse desnudo es desconcertante y sonrojante, pero también hay que tener en cuenta que hay gente nudista que no se avergüenza de su blanca desnudez. Además ¿quién no anda en bolas por su propia casa? De la casa a la calle sólo hay una puerta que como mucho tiene 20 cm. de grosor…

Si viajar no es sólo desplazarse en el espacio sino también en nuestra mente, quizá los viajeros lisérgicos conozcan más mundo que nadie. O tal vez, para los viajeros terrenales lo importante no sea conocer mundo, si no la experiencia lisérgica en sí que produce el viajar. El viaje, en cualquiera de sus acepciones, crea dependencia y es sabido que para dependiente no vale cualquiera.

En sus próximas vacaciones, aconsejamos desde Sr.K que viajen ustedes: que en lugar de a la playa vayan al mar, que en lugar de ir al pueblo vayan al campo y que se encuentren mucha gente desnuda en sus destinos.

Donosti - 21.04.08

Banda Sonora recomendada:
Viajes Exóticos x Daniel Higiénico - Flipando el Doble (1998).

De la serie Vagar no es de vagos en Sr.K, del lado sano de mi cabeza
[Ver serie completa]

Sr.K fecit in Vagar no es de vagos · 4 Comentarios