No te pega

No te pega fumar. Como que es raro para alguien como tú. Formal, serio y responsable. Y esos tacos que sueltas de vez en cuando hasta me hacen sonrojar sólo por que los dices tú.

¿No has pensado en dejarlo? No sé, como que no te queda bien lo del cigarrazo. Y esos eructos que atruenan. ¿No puedes ser más disimulado? ¿No serás también de esos que mueven las sábanas cuando se tiran un pedo en la cama?… ¿Cómo? Ah, bombear los pedos dices que se llama. No, no lo había oído antes. Joder, no dejas de asombrarme.

Aah. Va a ser eso, sí

En comparación lo de que te guste morderte las uñas de los pies no es tan chocante, la verdad. Parece mentira que con tu barriga seas capaz de hacer semejantes contorsiones. Eres… no sé, chocante.

No, no, no, no. No son prejuicios… áQue no! Es que pareces mejor persona cuando se te conoce menos. Bueno, entiéndeme, tampoco es eso. Eres buena persona de por tí, pero no sé. Que quieres que te diga. Se me hace raro que fumes.

Banda Sonora recomendada:
«Feo, fuerte y formal» x Loquillo y Trogloditas – Feo, fuerte y formal (2001)

En Spotify: Loquillo y Trogoloditas- Feo, fuerte y formal

Dedicado a la señorita Uxi que ni ha sido la primera en decirlo ni será la última ;-P

Bar de barrio

Es un bar de barrio en pleno agosto a la hora de comer. Cuatro personas. Tres de ellas apoyadas en la barra. Una más está detrás de barra y otro más sentado a una mesa escribiendo en una Moleskine azul.

Por un lado, una señora que acaba de hacer la compra y sentada en uno de los taburetes degusta un marianito rojo mientras ojea un periódico. Por otro, un señor de bigote con su codo apoyado en la barra guarda y no toca una copa de tinto mientras mira adusto los vídeoclips de grupos alternativos que emiten sin pausa por el canal Pachá, que reina en la única televisión del local y que resultan ser los únicos sonidos más cercanos a lo humano que se oyen en el bar. Justo al lado, otro señor, con polo verde manzana y mayor que el de bigote, lee apoyado en la barra completamente concentrado un diario local. En una de las mesas amarillo de acabado plástico del bar, otro señor de ropas grises y aún más mayor y más cansado de la vida que todos los presentes mira sin mirar la copa de tinto que sus dedos rozan en la base. Aguanta la vida sin más, no espera nada.

La Caña del Silencio

La camarera joven, vestida de negro y con carne a la que agarrarse sale de la barra y se acerca impasible a la máquina de tabaco que está al lado del que está escribiendo. Según la camarera mete las monedas en la máquina, el que escribe deja de escribir y cierra alterado la libreta azul. Se siente como un voyeur cazado e intenta disimular pasando las hojas del magazine que tiene sobre la mesa.

Cristina Rosenvinge compite con el ruido de las cámaras frigoríficas. El señor de bigote echa unas monedas a la tragaperras y lanza a la concurrencia un quedo «áHasta luego!» que sólo es respondido por la camarera ya desde detrás de la barra.

En cualquier lugar puede hacer frío, te mudes donde te mudes.

Gamonal / Burgos – Bar-pulpería Rubena 08.08.09

Banda Sonora recomendada:
«Farol» x Josele Santiago – Garabatos (2006)

En Spotify: Josele Santiago – Farol

De la serie Vagar no es de vagos en Sr.K, del lado sano de mi cabeza
[Ver serie completa]

VídeoTrayectos vol. IV: Camiño Santiago + Santiago 30.08.08

o tren – o WC do tren – cascada urbana en santiago de compostela – pies y peregrinos – praza do obradoiro – gentes – trompeta – semáforo parlanchín – señoras coloridas – bellotas en mano – parque san domingos de bonaval

Todos los VídeoTrayectos de golpe en la Categoría VídeoTrayectos.
Lo que prentenden ser los VídeoTrayectos se puede conocer en su primera publicación.

Tres preguntas

¿Qué son veinte días en comparación con veinte años? Pues básicamente, son magnitudes difícilmente comparables. No hablamos pues del procaz «veinte-veinte«. Tampoco de los dedos de las manos que ya ni contamos desde que la tecnología nos ha vuelto vagos. Hablamos de tomarnos nuestro tiempo; de no tener que justificar nuestros ritmos ante los que van a toda hostia por la carretera.

¿Quién marca el tempo? En los estudios profesionales de grabación se ocupa la claqueta. En los estudios caseros lo marcan las ganas. Esas mismas ganas son las que nos hacen abrir los ojos cada mañana y levantarnos en lugar de darnos la vuelta y seguir durmiendo. El tiempo se dilata y contrae a voluntad de la motivación. El recorrido para llegar a un punto puede ser presto, tranquilo o incluso larguisimo. Siempre han llegado más seguros los que por su camino han ido tarareando alguna cancioncilla o iban dando saltitos a modo de coreografía.

¿Lo regular en el tiempo es repetitivo y feo o resulta estable y agradable? En un mundo en el que nos desbordan miles de mensajes apelando a la regularidad escatológica, lo regular se ha concubinado con lo políticamente correcto generando monstruos asépticos. Ya ni al gotelé se le respeta. Sólo una buena pared regular puede ayudar a justificar un precio inmobiliario indecente. Quizá lo regular apriete y ahogue como ni Dios lo hacía antes.

Mira quién se amontona por aquéí

Lo despacito es suave y lo suave siempre mola tocarlo. Tocarse da gustito y lo agustito que se queda uno en la cama en cuanto decide, según abre el ojo, que se va a dar la vuelta en lugar de levantarse. Porque levantarse es moverse y si hay que entrar en movimiento, mejor que sea en Movimiento Slow. Disfruten del paisaje.

Banda Sonora recomendada:
«Suavecito, suavecito» x La Marabunta – La Marabunta (1993)

20 días sin actualizar Sr.K no es desidia, dejadez o vagancia. Son cambios de ritmos, nomás.

Bodysnatchers domésticos

Le pasó el otro día. Lo estaba observando desde la cocina sin querer. Sólo había ido a por un poco de leche al frigorífico para hacerse un descafeinado después de haber fregado la cena. Miró hacia el salón y de repente se preguntó «¿Quién es ése?». No podía dejar de mirarlo. Parecía tan viejo. Bueno, tan viejo no; tan diferente. Intentaba recordar su voz, pero se le hacía extraña. Como si no correspondiese a ese cuerpo que veía entre penumbras desde la cocina. Si justo en ese momento hubiese hablado pidiendo que le acercase una cerveza o unas galletas con su voz, con la voz que realmente debería pertenecer a ese cuerpo, se habría derrumbado en el suelo de la cocina. Le temblaban las piernas. Se dio cuenta de que no podía mover los brazos. Se imaginó desde fuera. La puerta del frigorífico abierta, una mueca extraña en la cara, una mirada congelada en los ojos, un brick de semidesnatada en la derecha y una taza granate con dos ojos y una sonrisa en la zurda. Impertérrita, estática, sin ir ni venir. El motor del refrigerador se acabada de poner en marcha para recuperar la temperatura.

Casi le dolió doblar sus articulaciones, girar el cuello y ayudarse de la mirada para servirse ese poquito de leche. Tuvo que esforzarse en no volver a mirar hacia el salón. El sonido de palabras initeligibles de la televisión, atenuado por las paredes del piso, era un canto de sirena. Era la presencia de ese extraño que acababa de descubrir a pocos metros de ella. Tuvo que volver a mirarlo mientras cerraba la puerta del frigorífico. Ya no sentía pánico. Imaginó que suspiraba, pero no lo hizo. Su cuerpo aún no se había dado cuenta de que el pánico había pasado y ya sólo quedaba vibrante desasosiego.

Otro cigarrillo. Desde el salón llegó el olor del tabaco que se intensificó y volvió más desagradable por la humedad de la cocina recién fregada. Luego volvería a pasar la fregona. Total, sólo había pisado con las zapatillas de felpa. Estaba de espaldas a la puerta de la cocina mientras miraba sin ver como la sonriente taza con ese poquito de leche giraba en el microondas. Su atención estaba a su espalda. Hipersensible a cualquier cambio de temperatura en el ambiente o a cualquier microcorriente de aire. Se sentía tan expuesta como un mafioso sentado de espaldas a la puerta principal de un restaurante. ¿Cuándo oíria a la Tommy? ¿En la primera ráfaga o no oiría nada en absoluto?. Lo que no oía era la campanilla del microondas. La luz seguía encendida y la taza girando y girando como una cosa tonta. Por imitacion incosciente, giró su cuello a izquierda y derecha notando algún ‘clack‘ en las cervicales. Con disimulo, como si de una espía se tratase, oteó de soslayo la puerta de la cocina. Seguía sonando la tele. La tele es el silencio del siglo XX. Una casa tranquila es una casa con la tele encendida. Una casa triste es una casa sin tele. áTING! áDios, qué susto! Se tapó la boca. Creía haber emitido un gritito.

Mujer en proceso de

Según caminaba por el pasillo que comunicaba el salón y la cocina, se confirmaba su primera y desasogante impresión. «¿Será la luz? ¿Quién es él?» Parecía imposible. Según se apoyó en el marco de la puerta del salón se imaginó a sí misma como en una película. Ahí, en medio del contraluz que la oscuridad del salón y la luminosidad de los halógenos del pasillo creaban. En bata, con la cadera ladeada, sólo un pie apoyado y los brazos cruzados mientras sostenía la taza de descafeinado caliente. Una postura condescendiente con él. Pose de mujer fatal del cine negro. Pose, nada más que pose. La ansiedad le iba comiendo por dentro cada vez que pensaba «y ahora ¿qué?». Sentarse a su lado en el sofá. ¿Quién era?. Compartir cama, despertarse, ¿tocarse? ¿por qué? ¿cuánto tiempo llevaba así, sin darse cuenta?

Sintió un escalofrío cuando se sentó a su lado en el sofá y un flasazo de pánico volvió cuando él le dedicó una distraída y afectuosa sonrisa antes de volver a centrar su atención en la tele. No recuerda que ponían, pero recuerda que esa noche fue la de los ojos como platos y el cuerpo entumecido al lado de él. También recuerda haber tenido antojo de vainas durante la cena y que sus acciones desde aquel día se volvieron casi automáticas, robóticas y faltas de voluntad.

Proyección recomendada: The Invasion of the Body Snatchers – 1956

Sr.K, supongo

«Cosas pasan», como dice el chino del Chino de Luis Alberdi.

Como testigo, una buena Pécora de las de toda la vida con mucho rocanrol a sus espaldas. Como cita, el encuentro entre David Livingstone y Henry Stanley. Como tiempo, la hora justa de la noche para no perder ni la dignidad, ni el habla, ni la memoria.

En esta ocasión, el Stanley de andar por casa se quedó más alto que ancho. El que hizo accidentalmente de Doc Livingstone se quedó sin poder de reacción, pero comprobó que el aspecto del Stanley de corchopán que le saludaba se correspondía con los cánones propios de las regiones del este de Europa.

� Sr.K, supongo.
ââ?¬â? … mmhh… sí
� Soy el_ucraniano_aniano

Simplemente nos estrechamos la mano y nos despedimos.

Señoras, señores: esto ha sido el excepcional encuentro entre Sr.K y el_ucraniano_aniano. Breve pero intenso. Estuve toda la noche fardando, de haber saludado en persona al mencionado blogero, aunque la gente sólo asentía y se alejaba de mí haciendo cruces…

Re-citando y aludiendo a referencias (que es de lo que va esto en realidad) invoco a Siniestro Total:

  • E.L.E.V.E.N. (El famoso encuentro entre Matt Murdock y Ray charles)
    Siniestro Total – «Menos mal que nos queda Portugal» (1984).

    http://www.seriezeta.com/k/recursos/musique/ST_menosmal_eleven.mp3

No se me mueran de envidia los asistentes al Burgos, Beers & Blogs. Siempre ha habido privilegiados…

Acción-reacción

Desapasionado. ¿dónde se fueron las ganas? No es apatía. Hace mucho tiempo que las cosas no te emocionan. Las disfrutas, vas y vienes, estás, las gozas, pero la patata no se te pone a mil.

Ya piensas que te has quedado sin alma, que la vendiste al mejor postor a cambio de que te dejasen de molestar las obsesiones en noches de insomnio. Ahora duermes mejor, pero ¿descansas?. ¿De qué vas a descansar si no has tenido en todo el día emoción que te desgaste?

Lo más cercano que tienes a la emoción son los momentos de ansiedad cuando echas de menos un cigarrillo. Claro, no podías hacer como los de tu edad. Emocionarte con cada principio de temporada del fútbol, con cada nuevo nacimiento y/o avance de su/s hijo/s o con cada nueva cortina para el salón. Tú, nada. Mucho movimiento y dinamismo, pero poca energía. ¿No has pensado en las drogas? No, claro, claro. La sobreinformación que hay sobre ellas les quita toda la emoción.

Humanito de mi corazón

Como sigas así te vas a quedar sin chicha. Será cuestión de lanzarse, a ver si así la sangre vuelve a fluir. Lanzarse a la vida, entiéndeme. No hacer puenting. Por cierto, el que se inventó semejante palabro merece una traición o por lo menos herpes bucales permanentes. Tú te mereces labios sanos, pero te lo tendrás que currar para que te desaparezca ese gris cenizo que a veces te sale de dentro. Desapasionado, pero con fe, esperanza y calidad.

Banda Sonora recomendada:
«La Espera» x Los Enemigos – Obras Escocidas 1985-2000 (2000).

En Spotify: Los Enemigos – La Espera