Sr.K es abandonado a su suerte por el desalmado de su autor. Cuídenlo.
De todas formas sabemos de buena tinta que el muy borrego acabará volviendo.
Aún no es multimillonario.
Del lado sano de mi cabeza
Sr.K es abandonado a su suerte por el desalmado de su autor. Cuídenlo.
De todas formas sabemos de buena tinta que el muy borrego acabará volviendo.
Aún no es multimillonario.
Señoras, señores, marcianos y venusianas…
Ayer de madrugada, nació el primer spin-off de Sr.K:
La idea que nació en Sr.K y que se originó allá por el 2005 ya es mayor de edad. Aún queda mucho camino por andar y muchos charcos que pisar. Tengo más de 400 autorretretes realizados y hasta ayer de madrugada sólo había podido publicar 11 autorretretes en autorretretes.org…
Como decíamos ayer: el futuro es brillante. Larga vida al mundo autorretrete.
Además, autorretretes.org participa en el concurso Sin Formato 08, convocados por el Museo Patio Herreriano de Valladolid. Pulsen sobre este banner para dar su voto a autorretretes.org:
cainSan hará de su capa un sayo y de su sayo un «si yo…». La condición humana es condicional.
[Ver Cita Original]
cainSan dixit – anfitrión de los lados sanos e insanos de Sr.K – plukeando en verano.
Banda Sonora recomendada:
Elvis está vivo x Andrés Calamaro «Alta suciedad» (1999).
Hacía un buen día. Frío, pero era un buen día de esos de febrero con el cielo azul y sol esplendoroso. Como venía haciendo desde hacía una temporada, sobre las cuatro-cuatro y media de la tarde este chaval de 16 años salía a darse un paseo. «A cuidar la línea». Lo de hacer deporte extenuante nunca había ido con él. Así que mejor ensaladita pa cenar todos los días y paseo por las tardes. Además, le venía bien salir de casa y darle vueltas a la cabeza. Tenía muchas cosas que pensar aunque tuviese sólo 16 años.
Antes de encaminarse definitivamente al parque habitual de sus paseos, entra en una minúscula tienda de chucherías con miles de bolsas de chuches, golosinas y juguetes baratos que llenan el escaso espacio del local desde el suelo hasta el techo. Con timidez y algo de culpabilidad, pide un Lucky suelto y un Happydent de menta. Entrega una moneda de 5 duros al señor de pelo completamente blanco que toda la vida ha llevado la tienda y no le devuelve cambio. 20 pesetas por el cigarrillo y 5 pesetas por el Happydent. A consumir uno después de otro. Siempre ha sido así y siempre lo será.
Camina a buen ritmo, con el estómago recordándole que hace nada que ha comido. Enseguida llega a la playa. Playa fluvial. No se puede esperar otra cosa de la meseta castellana. Gira a la derecha para adentrarse en una zona en pendiente más arbolada y menos transitada. Pasa en su subida una fuente de piedra de caño casi inexistente y chorro ridículo que hiede a hojas podridas y a limo acumulado durante años. Justo por encima de ella hay una vieja mesa-merendero metálica repintada mil veces y que ahora es azul celeste. Resopla al sentarse sobre la mesa y apoyar sus pies sobre uno de los bancos.
Llega entonces ese momento dulce de encender el Lucky en soledad. Lo prohibido. Lo secreto. La intimidad. Primera calada honda. Echar el humo por la nariz y la boca al mismo tiempo. Entornar los ojos por el sol que se filtra entre las ramas de los árboles sin hojas y por el humo que te rodea la cara. Ese mareo de los 16 con el tabaco.
Mirando a nada, se da cuenta de que por el camino en pendiente que acaba de recorrer sube una figura. Entorna sus ojos de nuevo, pero en esta ocasión es para que sus ojos de miope ayudados por sus gafas le descarten una idea descabellada que le acaba de pasar por la cabeza. Exhala lentamente el humo de la última calada sin desviar su mirada del tipo que se va acercando y se queda con la boca abierta, exhalando nada.
El tipo también le mira y de vez en cuando vigila sus propios pasos en la subida, como si tuviese que asegurarse constantemente de que el terreno que pisa no se va a derrumbar. Sonríe según avanza. El chaval de 16 años sabe, está seguro de que la sonrisa es nerviosa. Del tipo «situación incómoda«.
No se oye otra cosa que el rumor lejano de la ciudad y un graznido de corneja tras el resoplido que el extraño ha soltado al detenerse frente al chaval. Se encorva y apoya las manos sobre sus rodillas, como si estuviese fatigado. Desde detrás de sus gafas mira con la misma sonrisa que le ha acompañado en la subida y habla al estupefacto chaval.
– Hola. – suelta con algo de temblor en la voz – Bueno… Ya sabes quien soy ¿no?.
El chaval asiente, hierático, con los ojos fuera de sus órbitas y con la boca cada vez más abierta al borde del desencaje de mandíbula. El recién llegado retoma la palabra.
– Yo, soy tú con 31 años.
[Continúa en » Un cigarrillo en el parque (Parte II)]
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*Actualización: A sugerencia de los comentarios vertidos en lugar de «Con pareja y juego…» se ha cambiado la frase por «Con par y juego…» por ser más musera que la anterior. Gracias por su colaboración, estimados comentaristas.
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Bendita resaca de maldita lucidez. La percepción al límite. Oir como nunca el ruido constante y monótono que hace el silencio y no poder dejar de escucharlo porque la palpitación de detrás de los ojos que presiona hacia afuera no nos permite quedarnos dentro de nosotros mismos y olvidarnos de lo que nos rodea. Todo lo vemos, lo oímos, lo sentimos. Todo llega al lado sano – pero noqueado – de la cabeza monstruosamente vibrante. Los objetos, las personas son insultantemente nítidas. Quizá sea la luz de los domingos que resalta como ninguna los poros, los puntos negros y el pelo grasiento.
Qué gusto por lo sutil, lo leve, lo etéreo nos brinda la bendita resaca de maldita lucidez. Lo obvio, lo rotundo, lo pesado es una agresión. Nuestro entorno doméstico es amenazador. Ruido, ruido, ruido ¿cómo podemos vivir a diario con tanto ruido? Cómo gritan en la tele. Cómo chillan los vecinos. Y fuera nunca fue mejor. El cielo azul marino que hace unas horas mirábamos en compañía del trino de los pájaros cuando abríamos la puerta del portal ahora es de un azul tan pálido que duelen los ojos. Todo es tan exagerado fuera de casa. Tanto coche, tanto niño gritando por el parque, tanta velocidad alrededor… ¿nadie sabe que hoy es domingo?
No es genial, no es mejor. La bendita resaca de maldita lucidez simplemente, es. El regusto que deja en la boca no es accidental. Es un poso de lo que hicimos ayer. Tan amargo y tan dulce como nos dicte la maldita lucidez de las cosas a toro pasado.
Banda Sonora recomendada:
Como decía aquel: «la movida es el alcohol». Dedicado a los que ya no comparten resacas.
En estas fechas de plena campaña, desde lo más hondo del pecho sólo me sale gritar: áVivan los políticos y la madre que los parió!
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No debí comer esas patatas con alioli y luego acompañarlas de ese cuarto de torta de jamón con tomate. Quién iba a saber que el bar estaba tan lleno y que me tendría que quedar en la barra con todos los pinchos a la vista. Y que tampoco tenían menú del día, qué carajo. No sé, como que había muy pocos locales hosteleros por esa zona y lo de comer de pinchos, como que me hacía. No me quería arriesgar a quedarme sin saciar el hambre de una dura mañana de trabajo. Que luego había que volver, como desgraciado currela de turno partido que es uno.
No debí salir del bar, pero es que hacía buen día. Sol caliente sin ser abrasador, hierba verde y fresquita en los jardines – de esa que ya predica el fin del verano – y ganas de conocer nuevos mundos hosteleros en esa terra ignota por la que deambulaba. Al final, resultó ser que no es que hubiese pocos bares-restaurantes-mesones-cafeterías, es que estaban muy escondidos.
No debí comerme todas las patatas fritas que acompañaban a los tres filetines. Sí, filetines, cañajos ellos, y tres eran, tres. No debí comerme los tres. El último, hasta me costaba. Quizá fuera por el pan tan rico que me pusieron para empujar las viandas y mojar en el moje.
No debí intentar lavar mi conciencia con una ensalada mixta de primer plato y un kiwi de postre. El problema de tener conciencia es que nunca se calma y siempre toca las narices.
Además, mi problema no es de conciecia, porque soy estúpido. ¿Qué coño hago con una barriga ahíta de sí misma y de nuevo en el trabajo? Tarde gris, amigo, aunque luzca el sol. Y aún diría más; tarde gris porque en la calle calienta el sol y aquí sólo hay aire acondicionado.
áUn, dos, tres! áUn, dos, tres! Los párpados son enemigos, así que mejor no parpadear. Aunque piquen los ojos. Aunque el cuello se venza. Aunque… mmmh… ¿qué estaba diciendo?… esta tarde gris, o algo… ese sol que calienta… esas gentes paseando… mmmh… qué verdes colinas en las que el pastor me lleva a pasear mientras nos tomamos unas bravas viendo a Matías Prats en la tele…
Banda Sonora recomendada:
Como dice la canción: A lo lejos se ve la otra orilla, man. / No me haré viejo sin ver la otra orilla (…) No tiene mucho que ver pero guarda similitudes sintácticas con la temática de los autorretretes de hoy:
Autorretretes de a lo lejos
Entregas anteriores: [Autorretretes I] – [Autorretretes II] – [Autorretretes III] – [Autorretretes IV] – [Autorretretes V] – [Autorretretes VI] – [Todos]
Ayer estuve en el futuro y me encontré con todos nosotros. Ayer nos vimos más viejos y descubrimos que teníamos todo lo que habíamos buscado. Descubrimos las huellas que la lucha había dejado en todos nosotros: alguna sonrisa amarga, alguna mirada triste y algún sarcasmo poco afortunado.
Ayer, en el futuro, nos encontramos, pero ni en lo más alto ni en lo más bajo. Nos vimos completos, no sé si felices, pero tan sabios que sonábamos hasta resabiados. Y nos dimos un abrazo grande y cálido que nos hizo llorar a todos y después nos quedamos en silencio con un nudo en la garganta.
Pensé entonces, en aquel futuro, que eso era ya el final y me entró miedo. Miedo a vernos quietos, congelados, inertes con todos nuestros objetivos cumplidos y un gran vacío frente a nosotros. Busqué con desesperación en nosotros esa chispa que nos impidiese lanzarnos a esa nada que retozaba delante de nosotros. Justo antes de gritar de impotencia, descubrí que todos nos mirábamos. Y así, de repente y al unísono, una sonrisa cómplice y sincera surgió en todas nuestras caras.
Ayer estuve en el futuro y me encontré con todos nosotros y volvimos a ser los mejores y con eso nos bastó para seguir adelante y sortear de nuevo ese vacío que a tantos se llevó por el camino.
Banda Sonora recomendada para una época:
«Horizonte eléctrico» x Los DelTonos – Sólido (2003)
Entradas de Sr.K que concluyen y comienzan en ésta:
» Horizonte eléctrico
» Azul y naranja o una historia del oeste
» Vencidos – Melancólico miserere
Dedicado a todos los compañeros/as y amigos/as que tuve, tengo y tendré. El camino se anda mejor en compañía. Suerte y… áal toro!