11.05.2008

La Chica que se Tapaba Intermitentemente las Orejas

¿Recuerdan al Hombre Sentado a la Puerta? Sí, hagan memoria. Ni sobre, ni delante, ni en ella. A la puerta, sentado a la puerta. Pues bien, no hace mucho le dio por escribir porque se acordó de un viaje que hizo en tren. Lean:

Otra vez me persigue. Otra vez inquieto después de tantos días de tranquilidad. ¿Qué eso de entrar en el tren y volver a olerte? Mmmmh… Sí. Hueles. Otra cara y otro cuerpo, pero hueles. Estaba tan tranquilito y vuelves a cada ráfaga de perfume que me llega. Si cierro los ojos y giro la cabeza puedo notar el calor y la presencia humana del asiento de al lado, pero no eres tú. Menos mal. La industria perfumera es malvada.

La Chica que se Tapaba Intermitentemente las Orejas  No es un gran artista pagado de sí mismo, así que una vez satisfecha su inquietud dejó que el papel sobre el que había escrito esta reflexión volase. Al poco tiempo, ese perfume del que hablaban esa pocas líneas reapareció. Tenía la certeza de que esta vez no iba a ser un espejismo. Lo sabía. Las casualidades a veces surgen de nuestras invocaciones y rituales privados. Por la esquina apareció un personaje que hacía mucho tiempo no se acercaba al Hombre Sentado a la Puerta: La Chica que se Tapaba Intermitentemente las Orejas. Llevaba pegado a la suela de uno de sus brillantes zapatos nuevos el papel que no hacía mucho El Hombre había dejado volar libre.

Tras la sorpresa mutua inicial, La Chica que se Tapaba Intermitentemente las Orejas se detuvo frente al Hombre y comenzó con su verborrea habitual. Tampoco había perdido la extraña costumbre que le daba el nombre: rellenar los momentos en los que ella no hablaba con un interminable tapar y destapar de sus orejas. Así, sólo oía lo que quería y escuchaba lo que menos esfuerzo le requería. Nunca lo admitió, pero el silencio le parecía horriblemente vacío. Le daba mucho miedo.

El Hombre no podía evitar pensar, mientras aguantaba la cháchara, en cómo ella se fue sin decir nada y que parecía seguir sin querer darle explicaciones. La vio algo cambiada por fuera y quizá hasta un poco peor por dentro. La desaparición, según ella, sólo fue un paréntesis, una nimia interrupción, que no tuvo ninguna consecuencia en el continuo espacio-tiempo. El Hombre miró el papel que asomaba por debajo de uno de los brillantes zapatos nuevos de La Chica que se Tapaba Intermitentemente las Orejas. Sí, – afirmó en voz alta– el tiempo pasa, nada permanece ni importa y mucho menos importan las palabras hechas al viento. Volvió a bajar la mirada hacia el papel pisado y reprimió el impulso de decirle a La Chica que mirase lo que tenía pegado a la suela.

Sonrisa partida

Se despidieron como si nada, sin calor ni frío. La Chica que se Tapaba Intermitentemente las Orejas siguió calle abajo. Justo antes de doblar la esquina y desaparecer de la vista del Hombre, el papel se despegó de sus brillanes zapatos nuevos y volvió a volar libre, como las palabras que contenía. El Hombre estuvo un rato mirando el loco vaivén del papel.

Después, giró la cabeza.

A ver quien aparecía por el otro extremo de la calle.

Banda Sonora recomendada:

Sr.K fecit in Literáti.K · Sin comentarios

04.05.2008

Bendita resaca de maldita lucidez

Bendita resaca de maldita lucidez. La percepción al límite. Oir como nunca el ruido constante y monótono que hace el silencio y no poder dejar de escucharlo porque la palpitación de detrás de los ojos que presiona hacia afuera no nos permite quedarnos dentro de nosotros mismos y olvidarnos de lo que nos rodea. Todo lo vemos, lo oímos, lo sentimos. Todo llega al lado sano – pero noqueado – de la cabeza monstruosamente vibrante. Los objetos, las personas son insultantemente nítidas. Quizá sea la luz de los domingos que resalta como ninguna los poros, los puntos negros y el pelo grasiento.

Sombras capilares

Qué gusto por lo sutil, lo leve, lo etéreo nos brinda la bendita resaca de maldita lucidez. Lo obvio, lo rotundo, lo pesado es una agresión. Nuestro entorno doméstico es amenazador. Ruido, ruido, ruido ¿cómo podemos vivir a diario con tanto ruido? Cómo gritan en la tele. Cómo chillan los vecinos. Y fuera nunca fue mejor. El cielo azul marino que hace unas horas mirábamos en compañía del trino de los pájaros cuando abríamos la puerta del portal ahora es de un azul tan pálido que duelen los ojos. Todo es tan exagerado fuera de casa. Tanto coche, tanto niño gritando por el parque, tanta velocidad alrededor… ¿nadie sabe que hoy es domingo?

No es genial, no es mejor. La bendita resaca de maldita lucidez simplemente, es. El regusto que deja en la boca no es accidental. Es un poso de lo que hicimos ayer. Tan amargo y tan dulce como nos dicte la maldita lucidez de las cosas a toro pasado.

Banda Sonora recomendada:

Como decía aquel: «la movida es el alcohol». Dedicado a los que ya no comparten resacas.

Sr.K fecit in Esperpénti.K · 3 Comentarios

27.04.2008

Postalesivas nº 3 - Sacar la garra a pasear

Postalesivas nº3 - Sacar la garra a pasearPulsar para ampliar imagen
Safe Creative #0804270613850

Ver más postalesivas

*Modelo de la foto: Ford, habitante de la casa de los agraciados y agradecidos padres Sr.M & Sra.A. Disfruten de su paternidad y cuiden a Noa de las malas compañías.

Sr.K fecit in Artísti.K, Postalesivas · Sin comentarios

20.04.2008

Lobo solitario

Lo mismo que dentro de cada rebaño está la oveja negra para cumplir la ley uniformadora de la excepción, dentro de la manada existe el lobo solitario. Porque en manada vivimos y en manada hozamos seamos jabalíes, ciervos o lobos. Seguro que lo conocen. Pongan un lobo solitario en su vida (si se deja el lobo).

Vaga el lobo solitario, que ya de pequeño era un poco raro, por los alrededores de la perfectamente encajada y engrasda manada. A veces, acompaña al grupo en su vagar porque coincide en su camino. En ocasiones, no hay quien lo encuentre y parece que se ha perdido, pero siempre reaparece. En esos momentos, ustedes saben que siempre hay quien dentro de la manada no se preocupa de dónde está, aunque el lobo solitario siempre esté atento y preocupado por la manada, a pesar de todo. Se le puede encontrar observando desde lejos los tumbos del grupo. Le gusta observar, pero no ser observado, como buen lobo. Le gusta ser invisible para ver. Sobre todo cuando se mezcla con la manada. Se acerca y se aleja. Se deja y ustedes le dejan.

Saben de oídas que le gusta subirse de vez en cuando a sus riscos o atalayas preferidas para aullar él solo. No llama a nadie, no llora; sólo aúlla porque eso le calma. Además, corren rumores de que la luna es su amor secreto y que las noches claras de verano las pasa en vela contemplándola y contemplándose a sí mismo como una pusilánime criatura ante tan magna y mágica feminidad. Se pregunta mientras aúlla por qué mirar al cielo en lugar de mirar al suelo y no encuentra respuesta porque tampoco la busca.

Lobo Solitario

Se ve que no le gusta la lluvia porque no tiene a nadie que le lama el pelaje cuando el chaparrón arrecia. Es experto en lamerse las heridas y en aguantarse el dolor cuando hay cosas más importantes que hacer, como sobrevivir. No le gusta que le gruñan al acercarse a la manada, porque él nunca gruñe en las escasas ocasiones en las que un lobo de la manada se le acerca. Ustedes lo saben bien. Lo más extraño es que da la sensación de que disfruta del frío provocado por no sentirse arropado por la manada. Aunque si le observan antentamente verán que más que disfrute hay serenidad. Serenidad de asumir su vagar solitario como algo propio a su ser. Siendo solo es más él.

Es extraño el vínculo que se crea entre la manada y el lobo solitario. ¿Quién no ha pedido consejo a un lobo solitario? Y eso que a veces dice cosas que ni ustedes quieren oir. Él es el oráculo de andar por casa que como no tiene nadie a quien rendir cuentas siempre está sin estar. Él es ejemplo para el progreso de los individuos y al mismo tiempo, es vergüenza para el sentimiento de manada.

Admítanlo, el lobo solitario atrae. Resulta interesante y de parecerse a alguien les gustaría parecerse a él. Él hace las cosas que ustedes dejaron de hacer o que quizá nunca se atrevieron a realizar. El va dónde alguna vez les hubiese gustado ir y tienen sensación de que vive aventuras que en el calor de la manada ustedes nunca vivirán. Díganlo: todo el mundo quiere ser un lobo solitario, pero nadie quiere estar solo.

El humano está lleno de mitos que le ayudan a ser y ver más allá. Los mitos siempre estarán ahí para echarnos una mano, pero piensen que ser mito es muy duro cuando se es humano al mismo tiempo. Como decíamos antes, pongan un lobo solitario en su vida, pero cuídenlo. Los mitos encarnados son frágiles a pesar de su dureza.

Banda Sonora recomendada:

  • El lado sano (de mi cabeza) x Los enemigos “La vida mata” (1990).

Sr.K, creando mitos.

Sr.K fecit in Filosófi.K · 11 Comentarios

13.04.2008

Perdemos unidades

El gran enemigo

– Señor, ¿da usted su permiso?
– Sí, adelante cadete. Descanse.
– Señor, seguimos perdiendo unidades por el camino.
– Me siento turbado… ¿Quién ha sido ahora, cadete?
– Uno de los que hace tiempo huyeron con el enemigo, pero que volvió con nosotros porque el enemigo le traicionó. Se ha vuelto a ir. Es reincidente, señor.
– ¿Desde cuándo está con el enemigo?
– Según nuestros informes preliminares sus incursiones en campo enemigo tras el incidente anterior habían sido satisfactorias. Además, con el historial de penalidades que tras la traición sufrió por parte del enemigo no sospechábamos que fuese a irse de nuevo, pero en nuestros últimos reportes descubrimos que había datos confusos y contradictorios. Finalmente decidimos investigar a fondo y el otro día, cuando se tocó a diana, descubrimos que en su cama sólo había ropa vieja y que desde hacía varias semanas sobraba rancho como para una persona y que…
– Ahórrese los detalles, cadete… ¡Vaya! ¡Qué contrariedad!… ¿Con cuántas unidades contamos a día de hoy, cadete?
– Señor… ¿se refiere a unidades operativas y completamente funcionales?
– Por supuesto, cadete. Tenemos que saber con qué fuerzas de apoyo podemos contar en el día a día. El enemigo parpadea y cada vez que sus pestañas aletean o comienza a olerse su perfume uno de los nuestros se va con él.
– Pues, creo que unidades operativas al cien por cien, ninguna. Ya sabe, cada vez el enemigo es más poderoso y atrayente según nuestras unidades de apoyo van ganando en edad.
– Entoces, según su opinión ¿perdemos unidades porque nos hacemos viejos?
– En cierta manera… sí, señor. No sé cómo explicarlo.
– Entonces, tampoco podrá explicar por qué yo con mi edad aún no me he ido con el enemigo.
– Señor, en fin, es que usted es diferente. ¿Ha pensado que igual el enemigo no le considera útil para sus planes?
– Cadete, ¿no será que símplemente mi estrategia contra el enemigo es efectiva? Últimanente creo que al enemigo incluso le sudan las manos y no aguanta la mirada.
– Si usted lo dice señor… yo sólo soy un simple cadete. Hay muchas cosas que se me escapan.
– Efectivamente, cadete… Permítame que le tutee… Yo he visto cosas que nunca creerías. Amigos que cayeron hasta los infiernos y resurgieron con más fuerza que nunca. Situaciones inverosímiles más propias de una obra surrealista que del mundo real™. Gentes con dos caras, gentes sin nombre… ¿Sabes? a pesar de todo, todos eran y son excelentes soldados. Lo mejor de lo mejor…
– … Señor… ¿está usted bien?
– Eeh… sí, cadete, no se preocupe. ¿Sabe qué es lo que más me asusta de todo esto?
– Dígame señor.
– … Antes pensaba que los que se van con el enemigo siempre vuelven, pero el tiempo me está demostrando que una vez que se van, su retorno a nuestras filas no es una vuelta, es una visita… Retírese cadete. Va a empezar House.

Banda Sonora recomendada:

Entrada en triunvirato imperfecto con las dos anteriores. No descarten un cuarteto o un quinteto.

Sr.K fecit in Esperpénti.K · 7 Comentarios

07.04.2008

Lo que dura, dura

Estén atentos: no es lo mismo durar que permanecer. Tampoco es lo mismo permanecer que prevalecer. Affaires semánticos e interpretaciones variopintas aparte, ¿lo permanente es inalterable? ¿cómo se altera un impertérrito? No lo sé. «Yo sólo vine a comprar pan».

Intentando vislumbrar cuánto dura lo duradero nos podemos dar de morros con el “siempre” de toda la vida. Esperanzados e ilusos creemos que la garantía de nuestros actos, relaciones y quehaceres placenteros sobrepasa los dos años que por ley nuestro estado garantiza para el mundo popular, democrática y científicamente conocido como mundo real™.

La permanencia física no es la mejor muestra de la prevalencia de nuestras mejores relaciones. No por mucho salir amanece más temprano los domingos. Ni con el cambio de hora, sepan ustedes. Cuando compartir tiempo y espacio con alguien se debe a que uno no quiere desdecirse de lo que un día llamó «para siempre» o «yo siempre estaré allí», la permanencia por permanecer se convierte en un acto vacío. Existe pues un pacto de caballeros en el que ninguna de las dos partes dice que preferiría estar en otro sitio. Es que a los traidores se les fusila y eso da mucho miedo, dense cuenta.

Lo que dura, dura y lo que dura me da igual

Cuando «algo huele mal en Dinamarca» sus gentes se suelen acostumbrar al olor. Hacen como si no lo huelen, pero luego en el water, el lugar más íntimo de la sociedad occidental, se dejan llevar por las arcadas acumuladas durante toda una vida de mal olor. Así, nos encontramos con que lo único que realmente parece durar para siempre es el mal olor anejo a los ciudadanos, que hacen como si no les molestase, pero que tiemblan como Sr. Cabeza en el bol si tienen la más mínima sospecha de que alguien va a decirles que algo huele mal.

Así los impertérritos (en el cielo como en la tierra) aprietan los labios para no alterarse ante las obviedades que sólo son obvias para ellos, otros quieren que la garantía que acompaña a lo nuevo se extienda más allá de lo que la dura-lex manda. Donde no hay mata no hay patata y todos nos encontramos en la calle.

Un sponsorizado Bruce Lee decía lo de «Be water my friend». Lo permanente no es inalterable, es adaptable y de ahí su durabilidad. Lo único que hace falta es reconocer que todo cambia, fluye y se transforma. Cuando Dimamarca apesta quizá sea que el perro se ha cagado y que a nadie le apetece recoger sus heces. ¿Alguien ha visto mi kit recoge-caca de gran danés?

Banda Sonora recomendada:

  • Por un amor… x Siniestro Total “Popular, democrático y científico” (2005).

Sr.K fecit in Cotidiáni.K · 2 Comentarios

30.03.2008

Vergüenza propia

Es mejor no negarlo. La doble negación es una afirmación pesimista y el pesimismo sólo es un optimismo a medio llenar, así que muérdanse la lengua y bailen, infelices. Y es que negar que nos avergonzamos del nosotros mismos de hace 5 minutos, hace un mes, hace un año o hace un lustro nos patetiza. Y para patéticos ya están los desesperados. «¿Desesperado, yo? Nunca. Habrase visto…»

Como criaturas atrapadas en el sufrido pathos aristotélico y amantes del foie de pato, disimulamos nuestra vergüenza cuando vemos antiguas fotos de nosotros mismos como dolientes adolescentes. Esos bigotillos-pelusa, esos pelos, esas gafas, esa camisa (¡Por Dios! ¡¡ESA camisa!!), esas caras… Incluso nuestra morfología craneal nos resulta diferente a la actual. Nos volvemos crueles frenólogos amateurs. Éramos tan pringaos que en esas épocas repudiábamos el foie e incluso el vino bueno. Estúpidos escépticos

¿Saben? Toda esta flagelante autohumillación sólo tiene una intención: «Virgencita, virgencita que me quede como estoy». No empecemos a recordar las bochornosas situaciones o las grandes cagadas que hicimos por no haber sido más audaces y despiertos/as. Estos entrañables episodios los guardamos en la cajita de notas para mi autobiografía, libro que esperamos escribir en cuanto mueran las personas que nos vieron en nuestros momentos más patéticos y des-lúcidos.

Humano feliz

Y nos preguntamos: «¿Cómo podíamos ser tan pringaos?» Malas noticias tenga usted. Lo habitual es que los pringaos sean ellos mismos. Tras esta revelación, rompan sus espejos, huyan a Brasil para hacerse una buena cirugía estética reidentificativa, tírense al monte y háganse huraños eremitas. No servirá de nada. Todos somos débiles y un poco idiotas cada vez que nos exponemos tal cual somos. ¿Por qué la sinceridad es tan patética? Humillarse ante alguien hace ya mucho que no se considera una muestra de afecto y respeto, sino de patetismo. Será que desde el invento del agua corriente y el devor-olor (en cómodas plantillas y polvos) lo de lavar los pies de la gente que uno aprecia ya no se estila.

Y es el estilo, que no el savoir-faire, lo que marca a los pringaos. Apunten: el estilo es ese conjunto de convenciones arbitrarias y vacías de sí mismas (que una vez tuvieron sentido) que no son adaptables ni personalizables a cada individuo, son standard y uniformadoras. Todo lo externo a lo estilable provoca vergüenza ajena.

Citando a Mamá Ladilla y a House (ese hombre): Homo Homini Lupus. Cuando el individuo está consigo mismo, sin compañía humana, cuando le es imposible provocar vergüenza ajena, se autoinflige vergüenza propia. No quiere el ser humano reconocer que lo que ha sido lo sigue siendo y que su visión tan críticamente cruel e implacable sobre su forma de ser en el pasado es sólo el miedo a mostrarse tal cual es en el presente.

Individuo, no te reconozco. ¿Tú también, bruto mío? Será porque de noche todos los prados son gratos. ¿Alguien ha visto mi antifaz? Llego tarde al carnaval.

Banda Sonora recomendada:

Dedicado a los que quieren ser pringados sólo en la intimidad conyugal. Ya volveréis, ya.

Sr.K fecit in Cotidiáni.K · 2 Comentarios

23.03.2008

Resucitao

Salmo reposicional

El Señor es mi pastor y vive en Aranda.

Los caminos del Señor son de peaje.

Somos muñequitos en manos del Señor.

Somos rencorosos muñequitos.



Y luego que la gente se pregunta si Dios exsite o no: YesNoGod.com*

Feliz día del zombi mayor a todos.

*Vía: La mancha en la libreta.

Sr.K fecit in Esperpénti.K, Videográfi.k · 9 Comentarios

16.03.2008

Postalesivas nº 2 - Ande o no ande GRANDE

Postalesivas nº2 - Ande o no ande GRANDEPulsar para ampliar imagen
Safe Creative #0803160503509

Ver más postalesivas

Sr.K fecit in Artísti.K, Postalesivas · 7 Comentarios

11.03.2008

Oh, sí, nena

Mira tú, hombre

Oh, sí, nena. Me pone mucho cuando me miras así. Oh, sí. Cuando me miras como a través; mirándome sin verme aunque me estés hablando. Oh, sí, nena. Me pone.

¿Cómo lo haces? ¡Dios! Ese desprecio tan exagerado que en lugar de ofenderme o humillarme me pone. Esa bipolaridad, esos cambios de registro histriónica-gélida, risueña-gélida, aburrida-gélida que suceden con mi mera aparición en escena. Oh, mi particular Miss Hyde, cómo me pone.

Mírame, mírame mucho sin mirar. Con la cabeza levemente ladeada y las pupilas vacuas diciéndome palabras sacadas de un congelador. Oh, sí nena. Tú sí que sabes mirar y ser madura. Sobre todo ser madura.

Oh, sí, nena. Me pone. Me pone triste no comprender y verte desperdiciar el tiempo.

Banda Sonora recomendada:

Cualquier día es el día de alguien, pero sólo dura un día.

Sr.K fecit in Cotidiáni.K · 19 Comentarios